martes, 15 de mayo de 2012

El Discípulo

Gran parte de los futboleros piensan que la función de un DT no es tan influyente para el rendimiento de un equipo, que los que entran a la cancha son los jugadores. Si buscamos un ejemplo para convencerlos de lo contrario, deberíamos trasladarnos a la ciudad de Rosario y, una vez allí, posarnos en la platea del Estadio Coloso Marcelo Bielsa a observar cómo juega este Newells´s que, hoy por hoy, es único líder del Campeonato Argentino. ¡Sí! este mismo equipo que meses atrás salía último del torneo y en su horizonte parecía divisarse el mismo destino que su primo rosarino: el descenso.
Entonces ¿Cómo se explica este presente? la respuesta es muy sencilla, Gerardo Martino.
Este alumno bielsista y de cuna leprosa, decidió volver a casa a dar una mano y vaya si la está dando. Luego de su experiencia paraguaya, y a pesar de tener varias propuestas -incluso de Europa- los colores pudieron más y decidió regresar para ponerse el buzo rojo y negro por primera vez.
Apenas arribado dijo arreglarse con lo que tenía. Sinceramente parecía muy poco. Demasiado juvenil dando vueltas y experimentados con un nivel pobrísimo para las necesidades de un club que debía sumar una gran cantidad de puntos si no quería sufrir a final de la temporada. Sin embargo, ahí estuvo su mayor mérito. Encontró en casa lo que trayendo de afuera no te garantiza nada. Confió en el pibe Urruti, gran proyecto de goleador que hasta aquí no había tenido chances en primera, y quien hoy está devolviendo justamente con goles toda esa confianza atribuida. Descubrió también, en la misma cantera, a un desconocido pichón llamado Villalba, un joven roedor del círculo central. Hizo que Figueroa se encontrase con aquel que alguna vez había sido jugando para Chacarita, picante, gambeteador y con llegada al arco rival. Ni hablar de la mutación que sufrió Pablo Pérez, siendo hoy un todo terreno, que corre, marca, juega y encima, hace goles.
Además, Martino, logró brindarle nuevas motivaciones al capitán y emblema de este equipo, Lucas Bernardi: cambió su forma de jugar y le designó un nuevo lugar dentro del campo. Dejó atrás aquel rústico marcador, para pasar a jugar con total libertad sobre el volante encargado de la destrucción. Hablo de motivaciones, ya que en la cabeza del histórico mediocampista, parecía estar más presente el retiro que cómo dar vuelta esta historia, que hasta hace no tanto tiempo, parecía sentenciada.
Como alguna vez su maestro hizo con él, Martino pudo cambiarles "el chip" a estos jugadores. Les inculcó que en el fútbol moderno no existen las figuras y que cada uno debe cumplir un rol para que el sistema funcione.
Con todas estas virtudes logradas en su haber, implementó y llevó a cabo su sistema táctico, basado en la escuela de un tal Marcelo Bielsa. Bielsismo puro y en su máxima expresión. Newell´s muestra un fútbol tan vertical como el Obelisco, busca atacar permanentemente y por las bandas. Cuando pierde la pelota presiona bien lejos de su arco achicando líneas entre sus delanteros, volantes y defensores, formando un equipo corto. Así, el rival no encuentra los espacios necesarios para jugar con tranquilidad, lo obliga a desprenderse rápidamente de la pelota para recuperarla y así, volver a atacar nuevamente.
Eso es lo que busca Martino, y eso es lo que ejecutan sus jugadores a la perfección. Ha logrado convencerlos con su ideología y mal no les ha ido.
Por eso, más allá de su similitud física, son sus argumentos futbolísticos, su forma de trabajar y profesionalismo los fundamentos en los que se basa para ser discípulo del Loco.
El resultado final se conocerá en cinco semanas, pero indudablemente éste se convertirá en anécdota cuando se ponga en la balanza el trabajo realizado por él y su equipo.
El tiempo que lleva a cargo de este grupo ya le ha dado la razón.

                                                                                       
                                                                                                           Ramiro Fossaceca