jueves, 6 de diciembre de 2012

El regreso del "Titán"


El partido ya pasó. Godoy Cruz de Mendoza y Quilmes empataron 0 a 0 y no regalaron más que bostezos. Sin embargo, la pelota no era la protagonista esta tarde. Cronistas y fotógrafos se aglutinaron rodeando el banco de suplentes local buscando las primeras imágenes y declaraciones de Martín Palermo como director técnico de fútbol. El ex goleador, quien un año atrás dejaba las canchas aquejado por las lesiones en sus rodillas, comenzaba su ciclo de entrenador y acaparaba la atención de todos.
Más de treinta grados de temperatura acompañaban la tarde del sábado 1 de diciembre. Mucho movimiento en el estadio Malvinas Argentinas de la ciudad de Mendoza. Más de lo habitual. Cientos de periodistas viajaron desde las diferentes provincias para presenciar el debut de Palermo y colmaron la sala mixta (espacio que ocupa la prensa previa y post partido). Los fotógrafos, también duplicaron su lista de cada fin de semana queriendo ser parte de este evento tan importante para la historia del club mendocino. Hasta el vicepresidente de Boca, Juan Carlos Crespi, dijo presente para acompañar a su amigo en este nuevo proyecto que emprendía.

La hora señalada para el inicio del partido eran las cinco de la tarde. Casi dos horas antes, mostrando un dejo de ansiedad, arribó el micro de la delegación de Godoy Cruz al ritmo de sirenas y patrulleros que lo escoltaban.

Bajaron los veinte jugadores citados, auxiliares, dirigentes y por último él. Protagonista absoluto de la tarde. De pantalones cortos y chomba de su nuevo club, Palermo bajó abrazado de su amigo y ayudante Roberto Abbondanzieri. Relajado y sonriente, como disfrutando el momento. Una vez que ingresó al vestuario no volvió a salir. Recién a las cuatro y media de la tarde cuando los jugadores salieron a realizar los clásicos movimientos pre-competitivos apenas se dejó ver. Ya no reía. Su rostro estaba serio y transmitía una mezcla de concentración y nerviosismo. Tampoco vestía ahora ropa deportiva. Llevaba una elegante camisa blanca y un jeans negro, acompañado por un imponente reloj que abrazaba su muñeca izquierda. Había cambiado el personaje, parecía haberse metido de lleno en el papel de director técnico.

Todo estaba listo. El estadio explotaba de gente que preparaba sus cámaras y teléfonos celulares para capturar ese momento para el resto de sus vidas. La esperada salida del equipo a la cancha no se hizo desear y las tribunas se vinieron abajo. El “Loco”, otra vez el último de la fila, absorvió todas las miradas y los flashes de los fotógrafos que se amontonaban queriendo ganar la tapa del diario del otro día.

Comenzó el partido sentado, pero apenas duró unos segundos. Enseguida se puso de pie y así se mantuvo durante los noventa minutos. Arenga permanente hacia sus jugadores, reclamos para el árbitro Saúl Laverni y caminata constante de un lado al otro como buscando soluciones. Así vivió su primer partido. Puro nervio y ansiedad. “Con ganas de entrar a jugar”, como él mismo lo definiría al finalizar el encuentro.
En lo futbolístico, Godoy Cruz fue protagonista, aunque no mostró prácticamente nada distinto de lo que venía haciendo con Omar Asad, su anterior entrenador. Fue un cero a cero aburrido, pero que dejó conforme a Palermo quien no perdió en el debut y eso es importante para empezar el camino con el pie derecho. Más, teniendo en cuenta que el equipo cuyano venía de cuatro derrotas consecutivas en este campeonato.

Ahora, lo espera nada más y nada menos que su querido Boca para cerrar el año y luego encarar la pretemporada de la mejor manera para sacar a este Godoy Cruz del pozo en el que se encuentra. La tarea no será nada fácil, pero los hinchas mendocinos se ilusionan y disfrutan como nadie del regreso del “Titán”.


Ramiro Fossaceca.


miércoles, 29 de agosto de 2012

El fútbol en su mínima expresión


Muchas son las expectativas que generan los inicios de campeonatos. Esperanzas de ver fútbol, luego de la larga espera del mes de julio, alimentan las ilusiones.  Sin embargo, hasta aquí poco se ha visto. Abundancia de tácticas mezquinas y  escasez de fantasía. Ausencia de artesanos del balón.  Equipos más preocupados por cerrar bien la puerta de su arco que por forzar la cerradura del que está enfrente.

La 4ta. Fecha del Torneo Inicial dejó ver entre líneas que poco podremos esperar de él para el futuro. Quizás, lo mejor se haya visto en Floresta, en el empate 2 a 2 entre el local y Tigre, o en San Juan, con la goleada de Velez 3 a 0, pero no mucho más. El resto sólo dejó desilusión y desencanto.

La gran decepción, sin duda, fue la que protagonizaron River y San Lorenzo en el Monumental.  La vocación del técnico del Ciclón por la destrucción del juego sumada a la incapacidad de los Almeyda para generar espacios hizo que los puntos fueran uno para cada barrio.

Caruso tuvo siempre claro lo que quería. Sorprendió con Buffarini y Aguiar como dobles cinco para que presionasen a Cirigliano y a Ponzio. Así, River se encontró perdido en el mediocampo, dónde no pudo manejar la pelota con tranquilidad. Lanzini, el único que podía inventar algo distinto, estuvo contenido los noventa minutos por Prósperi y ni siquiera encontró espacios detrás de los volantes (donde más cómodo se siente) para llevar peligro. Con ese simple movimiento táctico de Lombardi, el Millonario se quedó fácilmente sin argumentos y el partido se volvió chato y aburrido. Más si se tiene en cuenta la cantidad de interrupciones generadas por el arquero Migliore, quien jugó un partido aparte con la parcialidad local.

Por historia, se esperaba mucho más de estos dos grandes del fútbol argentino. Como se espera más del propio torneo que aún tiene 15 fechas para reivindicarse ante la gente.
 
 
Por Ramiro Fossaceca (Publicado en www.futboldebolsillo.com.ar)

 

 

miércoles, 15 de agosto de 2012

El canto de la protesta

A lo largo de la historia del fútbol, los hinchas han ido encontrando variadas formas de manifestar su disconformidad. Insultos, “banderazos”, pintadas y también invocaciones a los ídolos que ya no están.
Esta última modalidad de protesta rememora aquellos años noventa, en las Eliminatorias del Mundial de Estados Unidos 1994. La Selección Argentina sufría su clasificación, perdía 0 – 5 con Colombia en el Monumental y ponía en peligro su pasaje al mundial teniendo que jugar un repechaje. Ese día, la presencia de Maradona en el estadio generó el grito de guerra de los argentinos que comenzaron a corear su nombre al unísono. Diego ya no dibujaba magias con la celeste y blanca, pero en ese estadio todavía quedaban resabios de sus épocas doradas y la gente los evocaba en forma de crítica. Ese famoso “Maradooo, Maradooo” ejerció tanta presión que obligó al por entonces director técnico, Alfio Basile, a convocarlo para jugar los partidos definitorios y, posteriormente, el mundial.
Más cerca en el tiempo, mientras el River de Simeone mostraba un escaso nivel de juego, el último ídolo riverplatense observaba los partidos sentado en el banco de suplente. Ariel Ortega, que por problemas de disciplina no era titular para el DT, sí lo era para la hinchada. Los fanáticos millonarios se ahogaban en gritos reclamando al jujeño y ponían de manifiesto su desencanto exigiendo la resurrección futbolística de su número 10.

Esta forma de demanda se ha vuelto una tradición argentina.
Este fin de semana, la gente de Boca recurrió a la misma metodología. Una vez finalizado el primer tiempo contra Tigre, desde los cuatro sectores del estadio pudo escucharse el conocido cántico de devoción. Juan Román Riquelme no estuvo, pero se hizo presente en las voces de la rebeldía boquense.
El equipo de Falcioni volvía a mostrar un nivel parecido al de la semana pasada con Quilmes. Los encargados de generar creatividad ofensiva parecían dormirse en los laureles del mediocampo rival y como era de esperarse, en el primer el tiempo comenzaron a escucharse los primeros murmullos. Pero al ejecutarse el pitazo final de los primeros 45 minutos, la Bombonera se vio desbordada por un alarido generalizado del hincha pidiendo por la vuelta del ídolo ausente. El resultado es anecdótico. Queda claro que la gente no está conforme y lo manifiesta notoriamente.
Quizá sea el opaco juego el que resucita el deseo de implorar por los ídolos que ya no están y supieron brillar. Quizá los hinchas xeneizes no sólo imploran por su genio, sino que expresan su desencanto, frente al pobre juego del equipo, mediante el nombre que tanto les dio.
El cántico que llama a Riquelme pide más que su vuelta. Exige el regreso del buen fútbol que alguna vez supieron ver. Así como en su momento eran Maradona y Ortega, hoy es Riquelme el canto del FÚTBOL.



Por Ramiro Fossaceca (Publicado en www.futboldebolsillo.com.ar)

miércoles, 1 de agosto de 2012

La gran ausencia


La ausencia del seleccionado argentino de fútbol masculino en los Juegos Olímpicos 2012 nos hace recordar la conocida frase “las cosas no se valoran hasta que se pierden”…

En Atenas 2004, cuando Marcelo Bielsa y Carlos Tévez empaparon de fútbol la medalla dorada y la trajeron al país por primera vez en la historia, la condecoración fue minimizada por algunos compatriotas. Estos caracterizaron de anónimos e ignotos a los adversarios enfrentados durante el torneo. Con una pizca de resentimiento, quizás, era difícil para algunos reconocerle el logro a un director técnico que había sido eliminado del mundial de Corea - Japón en primera ronda. Eso era imperdonable. Sólo podría taparse semejante fracaso con la obtención del título en Alemania 2006 y no con una “simple distinción secundaria”. Pero “el Loco” los dejó con las ganas y, luego de obtener el primer puesto olímpico, pegó el portazo y abandonó el cargo, lo cual acrecentó la furia de sus fiscales quedando el resultado en segundo plano.


Muchos pensábamos que tal desvalorización del éxito se basaba en la animosidad de algunos para con el técnico argentino y que las criticas no apuntaban a los jugadores, ni al valor de la competencia. Sin embargo, llegó el turno de Beijing 2008. Esta vez Argentina, con Batista al frente del plantel y con Messi y Riquelme ensamblándose en un fútbol vertiginoso y mágico, llegó a la cima del podio aplastando rivales por doquier. Pero tampoco alcanzó para que los fanáticos pesimistas pudieran festejar. Nuevamente, los detractores de siempre saltaron con los tapones hacia delante. No sólo protestaron por la baja calidad de los rivales, sino que desmerecieron y criticaron la postura nacional de llevar a las grandes figuras y no haber apostado a las jóvenes promesas sub 20 -como hacían otras selecciones-.

Hoy, con un nuevo encuentro olímpico, nos encontramos con que el último ganador dorado brillará por su ausencia. Y, obviamente, el libro de quejas estuvo una vez más, a disposición de todos…
Le llegó el turno a Walter Perazzo, por aquel entonces, director técnico de la sub-20 (hoy en Olimpo), quien no pudo clasificar al equipo en el pre-olímpico de Perú e hizo que el país perdiera la posibilidad de sumar un colgante más al medallero. Ahora dolía pensar que el fútbol no participaría en los Juegos, cuando antes ganarlos era insignificante. Puro gataflorismo argentino.

También se le atribuyeron culpas a la AFA que, tal como nos tiene acostumbrados, mostró sus interminables problemas estructurales. Azarosos cambios de técnicos que no respetaban proyecto alguno, llevaron a que no se pudiera armar un equipo que reflejara en el campo todo su potencial.

Hoy vemos los JJOO e imaginamos lo lindo que hubiera sido verlo a Lio Messi portando la querida bandera argentina.
Lamentablemente, las cosas se valoran cuando se pierden. Vapulearon y denostaron los triunfos del 2004 y 2008 y hoy la realidad los despierta avisándoles que peor es nada. Tal vez, sea ésta una lección para empezar a disfrutar de las alegrías, sin importar cómo y dónde sean, y enterarnos que la medalla olímpica ha sido el único triunfo de los últimos 20 años.


Por Ramiro Fossaceca (publicado en www.futboldebolsillo.com.ar)

viernes, 29 de junio de 2012

Por amor a River


Años de malas campañas arrastraron a River a jugar por primera vez en su historia en la segunda categoría del fútbol argentino. En ese tiempo, muchos fueron los jugadores que inundaron sus bocas de frases y promesas que anunciaban sus deseos de volver al club que los vio nacer. Pero la realidad marca que, cuando en la balanza de las decisiones se pone encima la cuenta bancaria, los sentimientos pesan solo unos pocos gramos comparados con las toneladas de euros que brinda Europa, y allí, el corazón pierde varios puntos en la tabla de prioridades.
Si se tiene en cuenta que la carrera del futbolista profesional es demasiado corta, probablemente, se encuentren motivos más que suficientes que justifiquen retrasar el retorno.  Lo refutable entonces, no es su voluntad final, sino su coqueteo constante con la vuelta, la histeria de decir blanco y hacer negro, el empalagar los oídos de la gente con falsas ilusiones; en fin, quedarse en lo abstracto y que lo concreto siga siendo el tamaño de sus bolsillos.
Algunos atribuyen la elección a la tranquila vida europea, adjudicándole las culpas a las diferencias sociales entre continentes, otros priorizan sus carreras deportivas y el común denominador sufre el pánico de perder la idolatría conseguida en épocas de gloria riverplatense. Lo injustificable son las revueltas de humo generadas solo para mantener vigente ese amor del hincha, sabiendo a primeras que no está en sus mentes, todavía, la idea de vestirse otra vez con la banda roja.
Por eso, después de aquel inolvidable 26 de junio del 2011, cuando la pesadilla del descenso despertó a todos aunque pocos parecían darse cuenta, empezaron a sonar las primeras campanas que anunciaban las caridades de siempre.
Los mismos presagios que solían escucharse cada fin de temporada sucumbieron nuevamente al Monumental. Sí, aquellas promesas repetidas, tan comunes como grafitis callejeros, volvían a escribirse por el barrio de Nuñez. Sin embargo, a pesar de las incredulidades, esas viejas hipótesis redundantes lograron fundirse con la realidad. Fernando Cavenaghi y Alejandro Domínguez, campeones en épocas doradas, decidieron resignar lo que otros no estuvieron dispuestos y dijeron presente en el peor momento de la historia millonaria.
Ya con la 9 y la 10 en sus respectivos dorsos, ambos mostraron vaivenes en el rendimiento, sufriendo una especie de ciclotimia futbolística. Al inicio, lograron reciclar recuerdos de paladares negros, aunque luego parecieron ponerse a tono con el triste fútbol argentino reinante. Quizás, el arribo de otra gran figura como David Trezeguet, que deslumbró con sus goles la segunda parte del año, fue consumiendo aquellas fantasías hasta hacerlas desaparecer. A pesar de esto, siempre enfrentaron las críticas que propone el mundo River poniendo el pecho, dentro y fuera del campo, hasta el último día. Jamás acusaron lesiones, ni siquiera retrocedieron treinta metros para mostrarse lejos de las responsabilidades que provoca el área. Supieron decodificar el rol que les exigía el plantel,  cargando el equipo en sus hombros con perseverancia, tozudez y arrojo.
Hoy, con el campeonato guardado en caja fuerte, no podrán disfrutar del objetivo conseguido más allá del festejo. Es que el fútbol, que no entiende de gratitudes, los despojará de la oportunidad de jugar en primera con la camiseta por la cual desistieron de todo.
Más allá del sabor amargo del desenlace, estoy convencido de que el hincha genuino estará toda su vida agradecido y los llevará en su corazón a lo largo de la historia.
Gracias a los dos por haber vuelto y por haber conducido a River al lugar que jamás debió abandonar, hasta pronto…


                                                                                                        Ramiro Fossaceca

viernes, 22 de junio de 2012

Juegos Olímpicos

El 27 de Julio en Londres se reunirán miles de atletas en un nuevo encuentro olímpico. Allí, disputarán su honor queriendo escalar algún peldaño en ese medallero tan deseado.
En las próximas líneas, Democracia Futbolera brindará un pequeño homenaje a la esencia de los Juegos y al espíritu de sus deportistas que, durante quince días, sudarán hasta la última gota de dignidad por el sueño que persiguieron toda su vida.

"Deporte y Honor"
Estamos en vísperas de un nuevo Juego Olímpico. Cada día, cada hora que pasa acorta más la brecha entre la espera y la tan ansiada entrada de la antorcha olímpica al estadio. Es tanta la magnitud que alcanzan los Juegos, que  meses antes  esta antorcha  comienza  su recorrido previo llevando el fuego sagrado hacia los distintos rincones del mundo.  
Esta llama que simboliza la pureza, la justicia y la paz entre naciones, anda recorriendo hemisferios, uniendo los cinco continentes en una causa común y honrada, hasta por fin, terminar su camino en Londres el 27 de Julio.
Allí, miles de atletas de distintos países y distintas culturas estarán compitiendo en diversas disciplinas pero con un mismo objetivo, competir.  Porque más allá de las medallas y las coronas de olivo –único premio en la antigüedad-, sumados a los intereses económicos que tanto influyen en este mundo moderno, está presente en ellos el espíritu de la deportividad.  
El atleta connota con claridad la esencia de este antiguo encuentro cuando busca con orgullo y desesperación llegar lo más lejos posible en su propia carrera, superándose a sí mismo, batiendo sus propios records y rindiéndole homenaje a la pasión por la cual dedicó su vida entera. Esa actitud demuestra el verdadero significado de los Juegos Olímpicos. Si no, citemos al barón Pierre de Coubertin, motivador y gestor de los juegos modernos, que al organizarlos allá a fines del 1800 diría: “Lo importante no es ganar, sino participar…no es vencer, sino luchar bien” y  en esas palabras entenderán de qué se trata esto. Ése, es el motivo de esta celebración mundial, luchar por un objetivo moral y no material.
Seguramente, en el camino habrá estrellas con destino dorado, pero este Juego ofrece oportunidades para todos. Cuando uno es capaz de superar sus limitaciones y las metas impuestas por uno mismo, sin duda ha ganado, y esa es la mejor medalla que puede colgarse un deportista.
De todas maneras, cabe recordar que, más allá de la magia que los envuelve, históricamente, los Juegos se han visto envueltos en diversos conflictos, que no mancharon su buen  nombre, pero si los salpicaron. La realización de las guerras mundiales hizo que el deporte pasara a segundo plano provisoriamente. Además, boicots políticos entre países con ideologías dispares privaron  al mundo de los mejores deportistas. El capitalismo y el socialismo no quisieron mezclarse y vetaron a sus atletas dejándolos sin participación en sus distintas sedes.  Por otra parte, protestas sociales  han llegado a terminar en tragedias, como el atentado palestino a los israelíes en Múnich 1976. Sin embargo,  en sus más de cien años de vida desde su establecimiento en 1896, el deporte y la sana competencia que proponen los JJ.OO han sobrevivido y se han perpetuado en el tiempo. Hoy, en el año 2012 en el mes de Julio se celebrará su  edición número 30 en  la ciudad de Londres, quien se dará el lujo de ser anfitriona del mundo por tercera vez.
Todo esto enarbola la antorcha olímpica y la lleva hacia lo más alto, no sólo en el plano deportivo, sino también en lo social. Y aunque algunos modernos piensen más en records monetarios y corran la maratón de los intereses económicos, la finalidad del deporte olímpico y sus añejos pensadores ha sido siempre la misma, unir al ser humano fomentando la deportividad y el respeto hacia el prójimo, y eso, hasta el día de hoy se ha mantenido.
                                                                                                                                            

                                                                                                             Ramiro Fossaceca

viernes, 1 de junio de 2012

El Romántico

Más allá del campeonato obtenido a fines del año pasado y de sus triunfos permanentes en diversas competiciones, el estilo del Boca de Falcioni siempre ha sido criticado por los consumidores del fútbol argentino. Es que este equipo austero, especulador, ahorrista del buen juego, muchas veces termina siendo aburrido para los exigentes catadores que somos los futboleros.
El DT apuesta todo a la solidez defensiva y al compromiso de cada uno de sus jugadores para ocupar espacios sobre el terreno. Cede el protagonismo sin importar la talla del rival y cuando recupera la pelota deja todo librado a las genialidades de un sólo hombre, Juan Román Riquelme.
Dueño y señor del equipo, mueve a Boca al ritmo de su música y al compás de sus pases, es el encargado de los tiempos y las pausas. En los ataques, sabe cuando hay que mover rápido el balón y cuando debe perpetuarlo en sus pies por un largo rato. La maneja de acá para allá, con criterio y paciencia, hasta que por fin encuentra la ranura exacta. Esa ranura donde sólo él tiene la llave para hacer pasar una número 5 y así, poner el pase filtrante que dejará despatarrados a los defensores y a sus delanteros mano a mano con el gol.
Tiene una virtud que lo distingue del resto: su cabeza juega un paso delante de la imaginación convencional. Juega tan bien con la pelota, como sin ella. Observa el contexto, aquello que pasa a su alrededor, movimientos de propios y extraños, y al recibirla, sabe con exactitud lo que tiene que hacer. No sólo a quién dirigirá el pase que parta desde sus pies, sino también cual será la mejor opción para su compañero.
De esa forma va ganando el tiempo que muchos creen que pierde.
Es tanta la dependencia que genera su presencia, que diría que hay veces que el equipo llega a desperdiciar situaciones de gol, solamente, para que primero pase por su guante derecho, como si no tuviera el mismo valor si el romántico no la toca.
Además de estratega, Riquelme, funciona de pulmón para el equipo, le da esa bocanada de aire tan necesaria en momentos de asfixia. Cuando Boca no encuentre salida, él con sus mañas coserá los gajos a sus cordones y creará en el ambiente una mágica sensación que pocos pueden generar, hará que parezca imposible poder extirpársela, como si fuese enteramente suya, una parte de su cuerpo, y allí, sus compañeros encontrarán el respiro perdido.
J.R ha vuelto a mostrar un nivel digno de Selección Argentina. Dejó atrás dos largos años de lesiones y bajos rendimientos y recuperó su mejor forma. Así, se transformó en un indispensable para Julio César Falcioni, que al llegar al club no lo tenía entre sus predilectos. Pero en este fútbol moderno, donde abunda la mezquindad táctica y escasean fantasistas, donde los que saben quedan últimos a la hora del pan y queso de los DT´s, el 10 demuestra que la fantasía también puede ser eficaz, cargándose en la mochila un equipo, que por sus formas, poco lo ayuda.
Por eso, domingo a domingo bendice a sus devotos en la misa futbolera y los provee de fe para creer que el fútbol no está condenado a la mediocridad.
Román está "felí" y el pueblo lo disfruta.

                                                                                                  

                                                                                                     Ramiro Fossaceca



martes, 15 de mayo de 2012

El Discípulo

Gran parte de los futboleros piensan que la función de un DT no es tan influyente para el rendimiento de un equipo, que los que entran a la cancha son los jugadores. Si buscamos un ejemplo para convencerlos de lo contrario, deberíamos trasladarnos a la ciudad de Rosario y, una vez allí, posarnos en la platea del Estadio Coloso Marcelo Bielsa a observar cómo juega este Newells´s que, hoy por hoy, es único líder del Campeonato Argentino. ¡Sí! este mismo equipo que meses atrás salía último del torneo y en su horizonte parecía divisarse el mismo destino que su primo rosarino: el descenso.
Entonces ¿Cómo se explica este presente? la respuesta es muy sencilla, Gerardo Martino.
Este alumno bielsista y de cuna leprosa, decidió volver a casa a dar una mano y vaya si la está dando. Luego de su experiencia paraguaya, y a pesar de tener varias propuestas -incluso de Europa- los colores pudieron más y decidió regresar para ponerse el buzo rojo y negro por primera vez.
Apenas arribado dijo arreglarse con lo que tenía. Sinceramente parecía muy poco. Demasiado juvenil dando vueltas y experimentados con un nivel pobrísimo para las necesidades de un club que debía sumar una gran cantidad de puntos si no quería sufrir a final de la temporada. Sin embargo, ahí estuvo su mayor mérito. Encontró en casa lo que trayendo de afuera no te garantiza nada. Confió en el pibe Urruti, gran proyecto de goleador que hasta aquí no había tenido chances en primera, y quien hoy está devolviendo justamente con goles toda esa confianza atribuida. Descubrió también, en la misma cantera, a un desconocido pichón llamado Villalba, un joven roedor del círculo central. Hizo que Figueroa se encontrase con aquel que alguna vez había sido jugando para Chacarita, picante, gambeteador y con llegada al arco rival. Ni hablar de la mutación que sufrió Pablo Pérez, siendo hoy un todo terreno, que corre, marca, juega y encima, hace goles.
Además, Martino, logró brindarle nuevas motivaciones al capitán y emblema de este equipo, Lucas Bernardi: cambió su forma de jugar y le designó un nuevo lugar dentro del campo. Dejó atrás aquel rústico marcador, para pasar a jugar con total libertad sobre el volante encargado de la destrucción. Hablo de motivaciones, ya que en la cabeza del histórico mediocampista, parecía estar más presente el retiro que cómo dar vuelta esta historia, que hasta hace no tanto tiempo, parecía sentenciada.
Como alguna vez su maestro hizo con él, Martino pudo cambiarles "el chip" a estos jugadores. Les inculcó que en el fútbol moderno no existen las figuras y que cada uno debe cumplir un rol para que el sistema funcione.
Con todas estas virtudes logradas en su haber, implementó y llevó a cabo su sistema táctico, basado en la escuela de un tal Marcelo Bielsa. Bielsismo puro y en su máxima expresión. Newell´s muestra un fútbol tan vertical como el Obelisco, busca atacar permanentemente y por las bandas. Cuando pierde la pelota presiona bien lejos de su arco achicando líneas entre sus delanteros, volantes y defensores, formando un equipo corto. Así, el rival no encuentra los espacios necesarios para jugar con tranquilidad, lo obliga a desprenderse rápidamente de la pelota para recuperarla y así, volver a atacar nuevamente.
Eso es lo que busca Martino, y eso es lo que ejecutan sus jugadores a la perfección. Ha logrado convencerlos con su ideología y mal no les ha ido.
Por eso, más allá de su similitud física, son sus argumentos futbolísticos, su forma de trabajar y profesionalismo los fundamentos en los que se basa para ser discípulo del Loco.
El resultado final se conocerá en cinco semanas, pero indudablemente éste se convertirá en anécdota cuando se ponga en la balanza el trabajo realizado por él y su equipo.
El tiempo que lleva a cargo de este grupo ya le ha dado la razón.

                                                                                       
                                                                                                           Ramiro Fossaceca



jueves, 26 de abril de 2012

"Pienso, luego juego"


Cientos de años atrás, un filósofo revolucionaba al mundo con su pensamiento: “Pienso, luego existo”. 
Seguramente se estarán preguntando qué tiene que ver esto con el blog  si hablamos de democracia futbolera, ¿no?  Es que hace unos días, otro pensador, más contemporáneo  él, logró movilizar la tranquilidad apática de un equipo con su filosofía futbolística: “Pienso, luego juego”.
Hablamos de Matías Jesús Almeyda, director técnico de River Plate, que tuvo que pensar y pensar para encontrar una teoría que lograse que esa constelación de estrellas que tiene en su plantel, bajara del pedestal divino donde creía estar y se situase en una realidad más terrenal, como lo es hoy, la Primera B Nacional.
Cierto es que son todos grandes jugadores, pero la actualidad marcaba que hasta aquí no habían sido más que destellos individuales. Por eso, éste sabio de la ciudad de Azul, decidió trastocar el sistema. Supo darle una vuelta de tuerca a este grupo, justo antes del partido más importante. El partido que lo podía alejar de la punta del torneo o podía encaminarlo por la senda que lo lleve directamente a primera división.
Sabía que el DT del rival no traicionaría su ideología que tantos buenos resultados le había traído. Venía puntero y con cuatro puntos de diferencia sobre su equipo. Con esa convicción trabajó toda la semana pensado en el sistema empleado por su adversario a lo largo del torneo y a partir de ahí construyó su modelo. Esto en River no había sucedido en 30 fechas, era el más grande de la categoría y parecía que los demás debían preocuparse por él. Pero ésta vez, el rival merecía respeto, un respeto especial. Así, Almeyda paró 3 defensores en el fondo, ellos debían encargarse de su mejor jugador, su “Joya” Paulo Dybala. En el medio, cuatro volantes, dos 5 que contengan, Cirigliano y Ponzio, y 2 carrileros, Maestrico y Sánchez. El primero con una vocación un poco más ofensiva, pero ambos debían jugarse un mano a mano hasta el final con los dos extremos rivales (otro de sus puntos altos). Y arriba juntó nuevamente a su tridente Domínguez, Cavenaghi y Trezeguet, pero ésta vez bien de punta, bien arriba presionando a la línea de 3 que proponía el puntero del campeonato. Esto obligó a que uno de los mediocampistas del equipo cordobés bajara para así poder formar una línea de 4 defensiva, ya que si no ésta presión generaría un mano a mano más que peligroso para la integridad física de su propio arco.
Allí Almeyda le creó un nuevo problema a su contrincante por supremacía numérica. Al tener un hombre más en el medio campo le robó la pelota y comenzó a moverla con libertad. Ahí entraban en acción los delanteros millonarios, moviéndose a las espaldas de los volantes contrarios, cuando éstos salían a presionar. Recibían a piacere, con espacios, de frente al arco generándoles intensos dolores de cabeza a los defensores.
Así se fue desarrollando el partido, con un River dominador  en el que en cada ataque daba la sensación de que algo peligroso podía suceder  y, más teniendo en cuenta que Instituto nunca intentó darle un giro a su timón desde el comando. El equipo de Almeyda justificó la victoria, aunque se hizo esperar hasta la mitad del segundo tiempo y vino de la mano del “Gran David” Trezeguet. 
De ésta manera finalizó el partido, lleno de vértigo y emociones que mantuvo en vilo a las más de 60 mil personas que se acercaron al Monumental ese día, y esto en parte se debió al interesante planteo que hizo el técnico de Nuñez.
Lejos está Matías Almeyda de ser un Filósofo Contemporáneo, ni tampoco su sistema táctico fue una filosofía, pero cuando lo comparamos con aquel pensador del siglo XVI es porque se animó a romper con la monotonía que venía mostrando este equipo y se permitió pensar distinto, se permitió dudar de lo que venía haciendo y tuvo su rédito, ganó el partido que había que ganar con total autoridad. Por eso, después de casi 10 meses, creo que el domingo, este joven pensador apenas retirado de su etapa como jugador, se recibió de Director Técnico con diploma de honor.


                                                                                                      Ramiro Fossaceca

lunes, 16 de abril de 2012

El Manual del Nueve


Las experiencias de los últimos años marcan que cuando un jugador vuelve de Europa ya no es el mismo. Es sólo un recuerdo de aquel que desparramaba rivales o quemaba nuestras redes argentinas. Viene con su nombre como gran cartel de presentación y eso siempre genera ilusiones, pero, muchas veces, nos encontramos con que sólo queda eso, el nombre. Por ello, cuando se anuncia el retorno de alguno de éstos ídolos, el hincha se permite el beneficio de la duda y comienzan los prejuicios.
Esto muy probablemente sucedió cuando se confirmó la llegada del francés David Trezeguet al club River Plate.  Él, que casi no había tenido tiempo para demostrar su capacidad en nuestro país, regresaba para jugar en uno de los clubes más grandes, que hoy en día pasa por uno de sus momentos más dolorosos: la segunda categoría.
Nadie dudaba de sus logros, ni de sus mas de 20 años en Europa, ni de sus cualidades goleadoras, pero la realidad marcaba que hacía más de un año que no tenía continuidad futbolística y a su edad, eso podía pasarle factura.
Sin embargo, todas estas palabras tuvieron que guadarse solitas en alguna parte. El delantero regresó en gran nivel y lo demuestra día tras día, partido tras partido. No solamente está pagando con goles su contratación, sino que además le está dando un baño de humildad a muchos…
Con su extenso curriculum a cuestas y un promedio de gol escalofriante desde que pisó suelo argentino, no se le cae ni un anillo de los que seguramente tiene, si por decisión suya el DT decide sentarlo junto a él durante un partido, ni  tampoco acusa molestia alguna si debe viajar cientos de kilómetros para enfrentar al desconocido Sportivo Belgrano de San Francisco. Él, justamente él, que enfrentó a los equipos más poderosos del mundo. Sabe que debe ser ejemplo para los más jóvenes y lo ejecuta al pie de la letra.
Además de su modestia y sencillez, el francés también es un libro abierto para los centro-delanteros venideros. Viene con la escuela del fútbol europeo encima, donde se tiene bien en claro que es lo que se pretende del 9 di la squadra. Juega del vértice al vértice del área. Se puede tirar unos metros hacia atrás para buscar la pelota pero no se complica jamás con ella en los pies. Conoce muy bien lo que puede dar y sus limitaciones. Sabe que su hábitat es el corazón del área. Por eso apenas recibe, abre bien la cancha y rápidamente va en busca del punto del penal, donde allí espera ya perfilado para definir con velocidad. No es un dato menor que de todos los goles que marcó desde su arribo, la mayoría hayan sido a un toque. Tiene la capacidad de poder aguardar el pase con la mirada puesta en el arco y así perder el menor tiempo posible para terminar la jugada, sorprendiendo al arquero que esperará su ejecución con orgullo.
Sin embargo, no logra convencer a Almeyda de que el único indispensable debe ser él. Probablemente entren en juego otras cosas en la consideración del DT a la hora de tomar una decisión. Lo que queda más que claro es, que cada vez que le toca jugar, el francés pone en práctica todo lo aprendido en su larga trayectoria primermundista, llena el campo de conceptos futbolísticos y se empapa de aplausos que bajan desde las tribunas riverplatenses. Sin dudas, que juegue o no, hoy, es anecdótico, ya que con solo verlo desfilar por el verde césped demuestra que todavía está para grandes cosas.
Por eso, más allá de que todavía no haya podido ganarse ese lugar tan deseado entre los once iniciales, si lo ha hecho con el corazón de la gente, que lo ovaciona cada vez que juega y lo pide a gritos desesperados cuando espera sentado al costado del campo.
Indudablemente éste gran jugador bañado en humildad y talento ha sabido cambiar prejuicios y dudas, por respeto y admiración.

                                                                                                                                           Ramiro Fossaceca
                                                                                                                                          

                                                                                                                                     







lunes, 2 de abril de 2012

Cuando se intenta jugar

Se dice que por estos tiempos que corren cuesta encontrar en el fútbol argentino partidos que deslumbren, que nos hagan sentir que vale la pena gastar el "mango" que tanto cuesta para pagar una entrada, que tengan al público expectante durante los 90 minutos...
Generalmente, los esquemas tácticos con cierto grado de mezquindad atentan contra el juego vistoso y de calidad que solía verse en otros tiempos. Hoy por hoy, los entrenadores tienen prioridades distintas a las del espectador o simple hincha de fútbol. Se juega esperando el error del rival y así poder llevarse a casa los tres puntos tan deseados y aliviadores que traerán consigo una semana más de trabajo tranquilo para el cuerpo técnico, jugadores y dirigentes.
Inisualmente encontramos  un partido en donde los dos DT´s estén decididos a asumir riesgos. Donde prevalezca la pelota al piso, el pase al pie, donde no haya que dividirla para que se las arregle el centro delantero de turno o replegarse en el fondo para esperar que el rival haga todo el desgaste y salir rapidamente de contra.
Sin embargo, todavía hay quienes intentan imponer un estilo de buen juego y un claro ejemplo son el Argentinos Jrs de Leo Astrada y el Tigre del "Vasco" Arrubarrena.
Estos se enfrentaron el sábado a la noche por la 8va. fecha del Clausura 2012 y no defraudaron. Argentinos: pases cortos, al compañero y explosión por afuera. Tigre, por su parte, apostaba al juego asociado pero terminaba con pases filtrantes por el medio y chocaba.
Mejor le fue al "Bicho" que se encontró a los pocos minutos con un golazo de Bordagaray y a partir de ahí se vio su mejor versión. Con confianza y espacios hizo lo que quiso, algo que no había podido demostrar la fecha anterior con Estudiantes, ya que éste le había cerrado todos los caminos. Así llegó el segundo gol, también en los pies del mismo delantero y así podrían haber llegado más. Tigre con sus máximos exponentes en plena sensación de fastidio equivocaba la senda, estaba perdido, pero, tozudamente, no dejaba de intentarlo.
En el segundo tiempo los de Astrada se replegaron; ahora si servía la tan criticada estrategia mezquina. Estaba cómodo con el 2-0 a favor y debía esperar que el rival hiciera el desgaste para poder salir rápido de contra y liquidarlo. Sin embargo, Tigre comenzó a llevarselo por delante, arrinconadoló como a un boxeador a punto del knot out y encontró el descuento por el "Chino" Luna. El partido continuó con la misma tónica y pudo haberlo empatado porque lo siguió buscando con volúmen de juego y fundamentos. Pero no hubiese sido justo, sobre todo por lo que Argentinos había demostrado en los primeros 45 minutos.
Más allá de todo, lo que no podemos negar es que los técnicos asumieron los riesgos y protagonizaron un vistoso y emotivo partido, de los mejores que se han visto hasta el momento en éste torneo.
Gracias a Dios todavía existen idealistas del buen juego y nos regalan, de vez en cuando, lindos espectáculos que nos hacen disfrutar de lo que tanto nos gusta...
Pero eso sólo pasa, cuando se intenta jugar...

                                                                                                           
                                                                                                             Ramiro Fossaceca

sábado, 31 de marzo de 2012

El Comienzo

Luego de buscar por mucho tiempo, algo que me sedujera,  me entusiasmara y que me hiciera sentir que era lo que realmente quería para mi vida, pareciera haberlo encontrado en este último tiempo.
Toda mi vida sentí que el fútbol lo era. De hecho lo es, pero ahora desde otro lado. Luché siempre por mi sueño de jugador y en cierto modo pude realizarlo, aunque no en el modo que más me hubiese gustado. Gracias a esa experiencia adquirida, hoy puedo decir, que esa etapa me sirvió muchísimo para lo que ahora realmente quiero para mi: el periodismo deportivo.
Por eso hoy empiezo esta nueva era, creando este blog, para poder transmitirles desde mis vivencias futbolísticas (por mínimas que sean) y de vida, mi mas humilde opinión y análisis de las cosas que suceden día a día, fecha tras fecha en el Fútbol Argentino y Mundial ¿por qué no?.
Tengan en cuenta que ésta es la primera vez que me enfrento al monitor. Mi idea y objetivo será seguramente ir mejorando con el correr de los textos y poder ir aceitando las ideas y sobre todo las palabras.
Será un largo camino por recorrer, pero sin dudas por algo se empieza y este es recién el comienzo...

                                                                                                         
                                                                                                           Ramiro Fossaceca