La ausencia
del seleccionado argentino de fútbol masculino en los Juegos Olímpicos 2012 nos hace recordar la conocida frase “las cosas no se valoran hasta que se
pierden”…
En Atenas
2004, cuando Marcelo Bielsa y Carlos Tévez empaparon de fútbol la medalla
dorada y la trajeron al país por primera vez en la historia, la condecoración
fue minimizada por algunos compatriotas. Estos caracterizaron de anónimos e
ignotos a los adversarios enfrentados durante el torneo. Con una pizca de
resentimiento, quizás, era difícil para algunos reconocerle el logro a un
director técnico que había sido eliminado del mundial de Corea - Japón en
primera ronda. Eso era imperdonable. Sólo podría taparse semejante fracaso con
la obtención del título en Alemania 2006 y no con una “simple distinción
secundaria”. Pero “el Loco” los dejó con las ganas y, luego de obtener el
primer puesto olímpico, pegó el portazo y abandonó el cargo, lo cual acrecentó
la furia de sus fiscales quedando el resultado en segundo plano.
Muchos
pensábamos que tal desvalorización del éxito se basaba en la animosidad de
algunos para con el técnico argentino y que las criticas no apuntaban a los
jugadores, ni al valor de la competencia. Sin embargo, llegó el turno de
Beijing 2008. Esta vez Argentina, con Batista al frente del plantel y con Messi
y Riquelme ensamblándose en un fútbol vertiginoso y mágico, llegó a la cima del
podio aplastando rivales por doquier. Pero tampoco alcanzó para que los
fanáticos pesimistas pudieran festejar. Nuevamente, los detractores de siempre
saltaron con los tapones hacia delante. No sólo protestaron por la baja calidad
de los rivales, sino que desmerecieron y criticaron la postura nacional de
llevar a las grandes figuras y no haber apostado a las jóvenes promesas sub 20
-como hacían otras selecciones-.
Hoy, con un
nuevo encuentro olímpico, nos encontramos con que el último ganador dorado
brillará por su ausencia. Y, obviamente, el libro de quejas estuvo una vez más,
a disposición de todos…
Le llegó el
turno a Walter Perazzo, por aquel entonces, director técnico de la sub-20 (hoy
en Olimpo), quien no pudo clasificar al equipo en el pre-olímpico de Perú e
hizo que el país perdiera la posibilidad de sumar un colgante más al medallero.
Ahora dolía pensar que el fútbol no participaría en los Juegos, cuando antes
ganarlos era insignificante. Puro gataflorismo argentino.
También se le atribuyeron culpas a la AFA que, tal como nos tiene acostumbrados, mostró sus interminables problemas estructurales. Azarosos cambios de técnicos que no respetaban proyecto alguno, llevaron a que no se pudiera armar un equipo que reflejara en el campo todo su potencial.
Hoy vemos los
JJOO e imaginamos lo lindo que hubiera sido verlo a Lio Messi portando la
querida bandera argentina.
Lamentablemente,
las cosas se valoran cuando se pierden. Vapulearon y denostaron los triunfos
del 2004 y 2008 y hoy la realidad los despierta avisándoles que peor es nada.
Tal vez, sea ésta una lección para empezar a disfrutar de las alegrías, sin
importar cómo y dónde sean, y enterarnos que la medalla olímpica ha sido el
único triunfo de los últimos 20 años.


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