martes, 26 de noviembre de 2013

10 en lesiones


Corrían poco más de 10 minutos del primer tiempo, Riaño pierde la pelota en zona de ataque y Boca queda mal parado frente a la contra de All Boys. Riquelme se esfuerza por recuperarla antes de que el pelotazo de Grana exponga a su defensa al ridículo y… ¡crack!, “cambio, juez”. Diagnóstico, “desgarro en el aductor izquierdo”. Quinta lesión en el año del diez. Cuarta muscular. La restante, un esguince en la rodilla izquierda. Y hasta aquí somos benevolentes, porque en el total de infortunios no contamos la “gripe” que lo marginó del clásico con San Lorenzo. Un virus gripal que lo mantuvo fuera de los entrenamientos más de lo esperado y estiró la lista de ausencias. Raro.



Repasemos cronológicamente los “partes médicos”: una distensión en el aductor derecho allá por el mes marzo. Un desgarro en el bíceps femoral izquierdo un mes después. En junio, un esguince en la rodilla derecha. A fines de agosto otra distensión, esta vez en el gemelo de la pierna izquierda. Y ahora ésta última, como para cerrar el año bien arriba (?). Demasiadas lesiones para un jugador muy importante, con un contrato muy alto, que sólo llegó a jugar poco más de la mitad de los partidos de su equipo y que, sin sobredimensionar la lesión porque quedan sólo dos partidos para cerrar el año, lo marginará de las canchas hasta 2014.


Si bien son más de cincuenta las lesiones que ha sufrido el plantel de Bianchi desde que éste y su cuerpo técnico asumieron en enero, lo cierto es que el de Riquelme es un caso especial. Basta con hacer un corto repaso sobre su historia más reciente; tener así [gesto que acerca el dedo pulgar con el índice indicando pequeñez] de cultura futbolística o, hasta diría una simple simpatía por este deporte, para saber que el jugador es propenso a lesionarse. Tiene una predisposición extraña. Un no sé qué que lo ha perseguido a lo largo de su carrera. Como Gago. Lo mismo. Pero esta propensión no actúa sola, ha sido ayudada siempre por los comportamientos del jugador fuera de la cancha. A ver, podemos poner como ejemplo el último caso: se lanzó a jugar una temporada cargada con torneos locales (Torneo Final y Copa Argentina) y Copa Libertadores luego de permanecer 6 largos meses en su casa “comiendo asado”,(como el mismo metaforizó) sin trabajo previo. O sea, no generó las reservas suficientes. Entonces se queda sin nafta. El desenlace era obvio e imaginable. El cuerpo no aguanta. Además, podríamos sumar todos los privilegios que se le otorga en la cotidianeidad de los entrenamientos, algo que, a esta altura, es vox populi y hasta le ha generado un que otro cortocircuito con algún director técnico que no haya accedido a tales. Falcioni, por ejemplo. Así, poco pueden hacer Bianchi y los suyos para mantener felí al 10 y a la vez óptimo para la alta competencia. Intentan concederle todo y mimarlo pero no resulta. Si entrena, se rompe porque lo “sobre-exigen”, y si no, se rompe igual, pero jugando. Así es difícil para cualquier entrenador.


Lo cierto es que ahora en Boca se espera que llegue bien para el arranque de los entrenamientos en enero. Creemos que la base para cualquier futbolista está en la pretemporada, y Riquelme no debiera ser la excepción. Por eso, deberá reflexionar y ponerse seriamente a disposición del equipo, si no, será difícil imaginar un futuro diferente al presente que acontece.



Ramiro Fossaceca.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

El Hijo de...

Las críticas caen sobre él de manera exagerada e injusta. Y digo exageradas e injustas no porque no las merezca ni porque esté en mi consideración defender lo indefendible, no hay dudas de que tiene responsabilidad, pero no es el único. Él es un simple colaborador. Con injerencia, sí, pero no toma las decisiones finales. O al menos eso creo. Sin embargo, es el apuntado. El blanco de todos los dardos. De Emiliano Díaz, de él estamos hablando, hijo y ayudante de campo de Ramón, el hombre que por estos días analistas y fanáticos depositaron bajo su lupa detractora.


Posiblemente su opaca trayectoria como futbolista, en la que fue llevado como condición por su padre a cada uno de los clubes adonde dirigió, sea el disparador de los prejuicios hacia sus capacidades de entrenador (ayudante en este caso), pero lo cierto es que poco se conoce sobre su preparación como para fustigarlo hasta el cansancio. O tal vez lo sea su corta edad, su inexperiencia, como el mismo conjeturó. O un poco de las dos. También podría ser que supiese muchísimo de fútbol pero sea el propio Ramón a quien no le gusten los consejos y por eso puso a su hijo ahí, a su lado, para no tener que darle explicaciones a nadie ni escuchar sugerencias. Quién sabe. Son ideas nada más. Por eso no se puede catalogar como único responsable de todos los males que padece River a Emiliano sólo para que Ramón Díaz no caiga del pedestal al que lo han elevado. Y no digo que no se lo haya ganado, pero es él quien decide, y en esta etapa las decisiones no han sido las mejores. De hecho, si repasamos un poquito sus últimos pasos como entrenador no es que la ha ido de maravillas. Todo lo contario. Y salvo la etapa de Independiente, Emiliano no era todavía su ayudante.

Además, quienes exigen la salida inmediata del “hijo de…” lo acusan de ser artífice de "negociados" y de taladrar la cabeza de su padre para llevar al club a su séquito de amigos. A ver, supongamos  que hay un Ramón Díaz pasivo ante la supuesta manipulación de su hijo, ¿acaso eso no podría hacerlo igual desde afuera? ¿No podría aconsejarle a su padre los jugadores que “necesita”? Así, como lo hace Mauro Bianchi con su padre Carlos. Es lo mismo. Le lleva jugadores pero desde afuera, por la relación que los une. ¿O será que sólo buscan un chivo expiatorio que les permita seguir creyendo en las aptitudes divinas del DT más ganador de la historia del club? Creo que subestiman la inteligencia del DT. O son muy ingenuos.

Y estos últimos, los “ingenuos”, los “ramondistas”, son los que castigan a Emiliano creyendo que es él quien arma el equipo de Ramón, pero, paradójicamente, se enojan cuando otros insinúan que Francescoli se lo armaba en el aquel glorioso River de los años `90. Cuando todo era felicidad por el barrio de Nuñez. Si Emiliano se lo arma ahora, ¿por qué no pensar que el “Príncipe” se lo armaba en su momento? No es tan extraño.  Por eso son “ingenuos”, porque no quieren dejar de creer en las divinidades que le adjudican al DT y buscan un culpable en la ajenidad para seguir creyendo, para seguir endiosándolo. No está mal que crean, que idolatren, pero el fanatismo ciega. Y eso está ocurriendo. El árbol les tapa el bosque.

Como conclusión, y para no mostrarme como un detractor implacable del ídolo riverplatense (porque nada más lejos), ni como un defensor acérrimo de su hijo, es necesario equilibrar la cuestión y dejar de lado las culpas para construir de aquí en adelante. No voy a descubrir nada si destaco las virtudes del riojano, sus títulos en el club las ponen de manifiesto. Pero son etapas diferentes, y a partir de lo mostrado hasta hoy, es posible que debiera tener otro estilo de ayudante. Alguien de mayor experiencia, con mayores pergaminos. Que pueda aconsejar en la vorágine de los partidos con sabiduría y lucidez. Pero el eje del análisis deberá ser más macro estructural: estilo y forma de juego, decisiones tácticas y dirigenciales, elección de refuerzos, entre otras. El peso de las criticas no puede caer sobre un solo nombre propio, y menos el de un ayudante de campo.



Ramiro Fossaceca.