martes, 24 de septiembre de 2013

Arde La Academia


   Parecía que este iba a ser, por fin, el año de Racing. Independiente en la Primera B Nacional como principal motivo y la llegada de refuerzos de jerarquía a su plantel hacían suponer que esta vez no se quedaría en las vísperas del éxito. Sin embargo, se empeñó en echarlo todo a perder. Se empeñó en hacer lo posible para no disfrutar del mal momento de su rival histórico. Fue una especie de declive directamente proporcional a los imponentes festejos por el descenso del Rojo. Un camino colmado de errores de todas las índoles que indefectiblemente devinieron en una crisis política que hoy transita por los paisajes más oscuros.


Si se cava profundo en el tiempo, seguramente encontraríamos que los orígenes de este difícil momento fue aquel partido frente a Quilmes el campeonato pasado. Ese fue el comienzo. Ahí empezó. La supuesta inducción de los dirigentes e hinchas (barras) para que los jugadores y el técnico hicieran poco por ganarlo -por usar un eufemismo- generó una herida interna que nunca pudo cicatrizar. Luego del controvertido partido, Zubeldía, DT por aquel entonces, incomodo por aquella situación, hizo vox populi su intención de no renovar el vínculo que lo unía a la institución cuando se venciera. Sin embargo, extrañamente renovó por un año más.

El comienzo del semestre no fue el mejor: un empate y tres derrotas en el ámbito local, sumados a la eliminación de la Copa Sudamericana en manos de Lanús, hicieron que rápidamente Zubeldía armara sus valijas y se despidiera. La misma dirigencia que treinta días antes le había insistido para que se quedase, prácticamente lo obligó a renunciar. Incoherencia podría decirse. La decisión de su reemplazante devino en Carlos Ischia. En el medio, el DT interino Fabio Radaelli dejó un saldo de un punto sobre seis y  puso la crisis deportiva al día con la institucional. Ésta ya había detonado con la renuncia del manager Roberto Ayala y la pelea del presidente Cogorno con el vice Molina. Y cuando el volcán erosiona, la lava comienza a caer hacia abajo. Difícilmente un club que políticamente no encuentra concordancia entre sus dirigentes pueda lograr buenos resultados en el campo de juego.

El clima es hostil, y los jugadores lo sienten. Los barras, identificados con el presidente Cogorno, piden que sea Molina quien dé el portazo. Lo acusan de “golpista” por pedirle la renuncia al actual mandatario y querer tomar él las riendas. El hincha genuino, cansado y temeroso de que esta crisis desemboque en un futuro cercano similar al de Independiente, reclama al grito de “qué se vayan todos” un llamado urgente a elecciones para encaminar a la institución antes de que sea demasiado tarde.

El lunes, entre visitas de la barra a una de las sedes del club y pintadas en el estadio, Gastón Cogorno, cada vez más solo por alejamiento de varios de sus aliados, anunció que pone su renuncia a disposición, e invitó a Molina a imitarlo. No está dispuesto a perder la batalla contra su “compañero” de fórmula entregándole el club. Si cae él, caen todos. Mientras tanto, La Academia arde, y sufre.


Ramiro Fossaceca.