miércoles, 1 de abril de 2015

Mancuello: El irrefutable



     Es indudable que Mancuello es hoy la figura de Independiente, no estoy descubriendo nada. ¿Pero lo es al punto de ser un insustituible? ¿Es un jugador tan importante para el funcionamiento colectivo –aclaro: FUNCIONAMIENTO COLECTIVO, NO PERSONAL- del equipo de Almirón o sólo nos detenemos en el resultado de sus decisiones, en sus goles, para analizar su influencia? ¿Es Mancuello quien hace jugar al equipo, es al revés o son las dos cosas quienes interactúan para lograr la mejor versión de ambos? ¿Cuánto tiene que ver Almirón en todo esto?

     No hay hasta aquí juicio alguno hacia Mancuello, ni a favor ni en contra; sólo cuestionamientos que intentan hacernos reflexionar, pensar en cuánto tienen que ver las consecuencias positivas que surgen de las decisiones del jugador en la idea que más tarde nos hacemos sobre su implicancia en el equipo. No sólo los hinchas –del cual nadie espera un análisis racional- sino algunos analistas que, justamente, al analizar lo hacen basándose en cuestiones más relacionadas a la terminación de la jugada (de las cuales generalmente Mancuello es partícipe) que en aquellas que la anteceden y, en teoría, tienen mucho más que ver con la función principal del jugador. Mancuello es un interior, un volante mixto; no un delantero. El gol es un plus que lo valoriza, pero no debiera ser –desconozco si esto es así o no- su objetivo primario, ni de quienes lo evalúan.

     No es mi intención refutar a Mancuello, ni mucho menos. Aunque debo sincerarme y reconocer que, en un principio y hasta que terminé de escribir el párrafo anterior, el propósito de esta nota era justamente ese: refutarlo. Pero al ir escribiéndola comencé a notar que en mi imaginación surgían ciertas contradicciones espontáneas entre lo que quería escribir y lo que pensaba, que hicieron que me replanteara la idea: al parecer, realmente no pensaba lo que pensaba que pensaba. Mancuello no era refutable.

     Sucede que la deificación permanente que ejercen los medios de comunicación sobre el jugador ha embelesado al punto de hacer creer que es éste el único sostén que encuentra Almirón para mantenerse vivo. De ahí mis ganas de problematizarlo, de cuestionarlo. Pareciera que con la presencia de Mancuello todos lo errores que comete el equipo se disolvieran y las virtudes sólo salieran a la luz a través de su cerebro y sus pies; y, humildemente, creo que ésta es una cuestión que pasa más por la necesidad de encontrarle un “pero” a un DT controvertido que la de personificar una idolatría que condense los deseos del público. Independiente es un gran equipo y Mancuello es parte de él, no todo.

     Sin embargo, no deja de ser cierto que su ausencia sí afecta a la organización ofensiva. A ver, no es que Mancuello haga funcionar al equipo a partir de sí. No es el Riquelme, en tanto entendimiento del juego, que tiene Independiente. Lo suyo, aunque no exclusivamente, es más emocional. Es emoción. Es lo que transmite. El endiosamiento lo ha elevado y él lo percibe y también lo perciben sus compañeros. Emana una seguridad que se refleja en cada intervención suya y es acompañada por el compás eufórico que baja de las tribunas. Es un todo que funciona en armonía porque todo tiene que ver con todo. Mancuello es indiscutido no sólo porque nadie lo discute sino porque él mismo no lo hace. Mejora el contexto absorbiendo malhumores y liberando inspiraciones en, por ejemplo, Méndez y Pisano. Acompaña a Albertengo y a Riaño, atacando los espacios, los pasillos interiores que éstos abren, haciendo reconocibles y reconocidos sus esfuerzos de desmarque. Además ejecuta, capitaliza, abre partidos con una pegada indómita y con lo importante que es en este juego conseguir la primera ventaja. En síntesis, es determinante.

     Igualmente, influencia emocional y capital no necesariamente representa perfección, porque ésta, aunque podamos imaginarla, es inalcanzable. Mancuello tiene errores de interpretación, de lectura, porque se conecta más con el gol que con la jugada. En ocasiones, una mala decisión puede dejar expuesto al equipo en una posible pérdida y para nadie Mancuello será el culpable, aunque lo fuera. Es un jugador libre, que en el campo de juego se maneja solo, por instinto. Obedece a sus interpretaciones, toma decisiones de acuerdo a su estado de ánimo y es saludable que así sea. Aunque eso no quiera decir, primero: que la decisión tomada sea la correcta y, segundo, que sea la que su técnico pretendía que tomase de acuerdo a lo prestablecido. En un partido de fútbol, como en la vida, es más lo que surge que lo que se estipula, y viendo los resultados obtenidos es lógico que Mancuello se deje llevar por sus sensaciones.

     De todas formas, sabe que detrás tiene un equipo que lo resguarda, que lo sostiene y aquí es importante Almirón. Hay una idea de juego pretendida por el DT que lo apaña y, a la vez, le da libertad. Mancuello confía en sus decisiones porque todos en Independiente confían en ellas. Está seguro porque le dan seguridad. El sistema se adapta a sus posibilidades y a las de sus compañeros y al mismo tiempo su presencia potencia la de éstos. Está en el aire, en el clima, en la atmósfera. El jugador se contagia de la dinámica positiva que se genera a su alrededor. El libro español “Complejidad y Deporte”, explica: “Los sistemas dinámicos buscan modos de comportamientos preferidos en función de las interacciones entre sus componentes internos y la sensibilidad a las condiciones externas”. Para ser claro: Mancuello es esencial en el modo de comportamiento preferido por los jugadores de Independiente porque es preferido justamente porque está él. Si no está, el sistema debe reorganizarse sobre la marcha, corriendo el riesgo de perderse en esa búsqueda. Su presencia optimiza el entorno.

    Las divergencias entre algunos entrenadores y un público aficionado (inclusive algunos periodistas) surgen de las diferentes profundidades de los respectivos análisis. El aficionado se detiene en el resultado de la acción que el jugador decidió emprender; el DT en la decisión y el movimiento en sí mismos: si son correctos o no según lo prestablecido. Por eso Almirón cambia, porque ve cuestiones más allá de lo visiblemente fácil. Su función, entre tantas, es hacer mejores a sus jugadores para hacer también mejor el sistema que conforman. Con aciertos y con errores, como cualquiera. Mancuello, sin dudas, es un acierto del entrenador. Un jugador mejorado, del cual el técnico extrajo de él todo lo que éste tenía guardado. Porque ya lo tenía, sólo faltaba explotarlo. Nadie extrae de nada o de nadie algo que esto o éste nunca poseyeron; se extrae lo que ya hay. El conocimiento se posee, sólo hay buscarlo en lo profundo, en el interior y Almirón lo encontró en Mancuello, y por eso hoy Mancuello es insustituible, es irrefutable; por lo menos para mí.



Ramiro Fossaceca