
¿Cuántos de nosotros nos hemos preguntado si realmente nos gusta el fútbol?
Lo sé, es una pregunta rara; más teniendo en cuenta que los que nos encontramos
aquí de tanto en tanto para compartir -o no- algunas ideas somos todos amantes
de este hermoso deporte. De hecho, el blog se llama Democracia Futbolera,
cuestión que invita a opinar libremente de lo que este juego ofrece. Pero he
aquí la cuestión, la razón de la pregunta iniciática: ¿qué es lo que nos ofrece
el fútbol? ¿Qué nos gusta de todo lo que nos ofrece? ¿El juego por el juego en sí mismo, nos gusta?
Que esta nota comience con varios interrogantes es un síntoma de lo que
viene a proponer. Será una pregunta constante. Varias. Y no
sé si todas tendrán respuestas. Porque no sé tampoco si todas las tienen. O al
menos yo no las tengo. Pero como la pregunta no necesariamente tiene que
encontrar en el final de su trayecto su subsiguiente respuesta, nos las vamos a
hacer igual. La pregunta es la base del aprendizaje, dijo alguna vez Paulo
Freire, entonces nos aferraremos a ese aforismo y nos las haremos todas, sin
pudor, resignándonos tal vez a encontrar en algunas de ellas soluciones
potables. Quizás hasta preguntárnoslas nos traiga algún que otro problema
existencial, quién sabe, pero tampoco eso es tan malo. Todo planteo, toda duda,
toda interrogación invita a la reflexión, y ésta es un buen ejercicio para -en
el caso de no encontrar respuestas que clarifiquen- intentar elaborar una
solución propia, una que nazca de nuestra capacidad intelectual; ahí ya
obtendremos un avance. Pero para eso es importante que primero alguien se las haga.
No descubrimos nada si decimos que son varios los factores que envuelven al
fútbol. El fútbol es un fenómeno social que involucra a cada vez más personas
pero, paradójicamente, al mismo ritmo –el del posmodernismo- ha ido deshumanizándose.
Ha habido una transvaloración de los valores, depositando la economía y el
negocio por sobre lo genuinamente deportivo. Una construcción social y cultural
transmitida de generación en generación, pero en la que pocos, cada vez menos, se
detienen a pensar: ¿Qué nos gusta del fútbol? ¿Nos gusta el juego o nos gusta
más todo aquello que lo rodea? ¿Sabemos o creemos que sabemos? ¿Nos preocupamos
por saber? ¿Nos interesa? ¿Preferimos el “folklore” y la pasión por sobre la
táctica y la estrategia? El fútbol tiene de todo: marketing, records,
estadísticas, mercado, periodismo, pasión; ahora, del juego ¿quién habla?
Posiblemente habrá quien diga que lo que le gusta del fútbol justamente sea
todo eso. Lo curioso es que para sentarnos en la platea o en el sillón de
nuestra casa a opinar lo hacemos desde el lugar de director técnico. Creemos
saber más que cualquiera. Le debatiríamos ideas al mismísimo Guardiola si
tuviéramos la oportunidad. Sabemos cuál hubiera sido la decisión correcta que
el jugador debería haber tomado en ese momento o el cambio táctico que el
entrenador equivocó o no percató para ganar un partido que se terminó perdiendo.
Abrazamos los lugares más comunes que nos ha construido el periodismo deportivo
a lo largo de la historia y desde allí creemos solucionar todos los problemas
de nuestro equipo. Con frases hechas o con la experiencia que nos han dado
tantos años de mirar fútbol, como si con sólo mirar alcanzara.
A grandes rasgos sabemos que hay dos maneras generales de intentar plantear
un partido: querer imponerte a través de la tenencia de la pelota, o desestimarla
y que el rival se haga cargo de ella. Ahora, ¿puede cualquier futbolero darse
cuenta de qué pretende el DT de un equipo, más allá de si la idea principal es
tener o no la pelota? ¿Sabría cómo vulnerar la idea de su rival? ¿O se piensa
que sólo alcanza con buenas intenciones? ¿Se conocen estrategias de ataque y
diferentes tácticas defensivas más allá de los trillados números matemáticos de
los dibujos? ¿O nos detenemos en la estética de los ataques y en la prolijidad
y efectividad de los movimientos defensivos para construir nuestros argumentos
y gustos?
Menottistas, bilardistas, bielsistas, guardiolistas… todos los apasionados
de este deporte sentimos identificación con alguna de estas corrientes ideológicas,
independientemente de la empatía que tengamos con su propulsor y de que algunas
de sus ideas se parezcan bastante entre sí. Es más, diría, que la mayoría de
nosotros tenemos una postura definida. Sabemos lo que nos gusta ver y por eso
los elegimos. Sentimos que eso también nos define como personas y nos
enorgullece. Pero también es cierto que la mayoría se queda en lo estético, en el
producto terminado, en una especie de fetichismo
de la mercancía. Se queda en los porqués de las ideas y olvida el proceso
para llevarlas a cabo, el cómo. Qué riesgos se deciden tomar por ellas sin que
éstos sean necesariamente “errores defensivos”, sino tan sólo eso: riesgos. Riesgos
asumidos. ¿Sabemos qué estrategias se utilizan para vulnerar las tácticas
defensivas de los rivales, si los sistemas son necesariamente fijos o si pueden
ser flotantes y variar dependiendo de la situación del juego en la que me
encuentre? ¿Alguna vez nos lo preguntamos?
Son miles los interrogantes que surgen y seguirán surgiendo: ¿Me desordeno
para atacar o las posiciones en ofensiva son relativamente fijas? Tras la
pérdida de la pelota ¿me repliego retrocediendo las líneas? ¿De qué manera lo
hago? ¿Vuelve cada uno a su lugar o se retrocede por cercanía a las zonas
relevándose entre sí? ¿Se retrocede o se presiona arriba? Si recupero, ¿ataco
con la misma intensidad con la que recuperé e intento ser vertical o bajo el
ritmo manteniendo la posesión hasta recuperar el aire? ¿La posesión es sólo
pasársela a un compañero hasta encontrar un cerrojo para filtrarme entre las
líneas defensivas o hasta el más insignificante pase tiene un fin en sí mismo?
¿Podemos darnos cuenta fácilmente de todas estas cuestiones? ¿Podemos darnos
cuenta de lo que intenta hacer un equipo cuando la tiene, más allá de si eso es
o no agradable al ojo crítico? No me extrañaría que haya quien diga que todo
esto en este juego no existe.
Es cierto que el fútbol parece estar intelectualmente al alcance de todos,
y si a eso le sumamos que nos apasiona, es lógico que intentemos entenderlo
desde lo que más a mano tengamos, sobre todo para poder hablar/criticar con
algún tipo de argumento a la hora del debate. Pero eso no significa que con los
lugares comunes alcance. Creemos que apropiándonos de las cuestiones básicas
del juego, con sólo mirarlo o sumar años de fervor y fanatismo estamos a la
altura de cualquier estudioso del tema. Ojo, de ninguna manera estoy intentando
complejizarlo como si fuese una cuestión de estudio académico, pero si creo que
se requiere de algunas armas más para poder interpretarlo como lo hacen quienes
decididamente se dedican a él. No sabemos tanto como creemos. Lo básico no nos
hace directores técnicos, por más que así lo creamos.
Como contraposición, quizás podríamos decir que a pesar de que haya una
minoría privilegiada a la que el fútbol hace tiempo ha dejado de representarle
un entretenimiento, la realidad es que para las masas lo sigue siendo. Y como
todo entretenimiento lo que se busca en él no es necesariamente su
entendimiento, no se busca la profundidad, la reflexión, la razón; más bien se
busca todo lo contrario: perderlas. Es la pasión la que predomina. Porque es la
pasión el método más sencillo, el que más a mano y al alcance de cualquiera
está para poder “ser parte de”, para encontrar un nicho de pertenencia, para
definir una identidad común. El fútbol, el juego en sí es una excusa y no está
mal, es una manera de interpretarlo. Lo extraño, como dije, es el lugar en el
cual nos paramos para criticar; no desde el desconocimiento, si no más bien
desde la otra vereda, desde la más absoluta autoridad que nos da haber crecido junto a él y jugarlo con amigos. Entonces,
¿qué es lo que realmente nos gusta del fútbol? O mejor, ¿qué entendemos por fútbol? Si lo que nos gusta es todo lo que lo rodea
o la impredecible dinámica de lo impensado por sobre lo táctico y lo estratégico,
no está mal. Pero lo importante es tenerlo claro, saber desde qué lugar se
opina. No todo en el fútbol es porque “el fútbol es así”.
Ramiro Fossaceca






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