“No hay mal que por bien no venga”, dirá algún abuelo cuando
le expliquen de qué se trata esta nota. Es que, paradójicamente, un penal que
en su momento dejó al “Tata” Martino sin la posibilidad de jugar la final de la
Copa Libertadores con Newell´s, le da, quizás, la oportunidad más grande de su
vida como entrenador. No es que diga que salir campeón de la Copa más
importante de Latinoamérica con el equipo de sus amores no lo sea, pero dirigir
al mejor club del mundo es algo con lo que cualquiera que empieza con su
cursito de Técnico imagina o sueña, aunque sólo unos pocos lo alcanzan.
Y como sabemos que no fue sólo un penal el desencadenante de este nuevo paso en
la carrera del Tata, haremos un
repaso detallado de los hechos.
Vayamos por parte y pensemos con un poco más de profundidad
la situación. El vínculo que unía a Martino y su cuerpo técnico con Newell´s
vencía en junio, época en donde, por lo general, tanto el torneo local como la
Copa Libertadores ya han finalizado. Sin embargo, este año no fue así. La realización
de la Copa Confederaciones –torneo que reúne selecciones nacionales- organizada
por Brasil, obligó a la Confederación Sudamericana a interrumpir el normal
desarrollo de la Copa Libertadores de América. Dicho torneo retomaría su marcha
una vez finalizada la otra copa - mes de julio -, y Newell´s estaba todavía en
competencia (espero explicarme bien). Si analizamos que esta interrupción
precisaría postergar la Libertadores para después de Junio, nos encontramos con
que el lazo de Martino con Newell´s ya habría vencido. Además, el propio
entrenador había expresado públicamente que cuando se venciera su contrato se
iría por la misma puerta por la que había entrado un año atrás. Sin ninguna posibilidad
de diálogo que intentara hacerle cambiar de idea.<<Pero, ¿entonces se va y nos deja solos? ¿Ahora? ¿En la mejor parte?>>, habrá dicho algún desconfiado y melancólico hincha rosarino. No era posible que el técnico que había vuelto para dar una mano se fuera ahora, cuando se peleaban por cosas importantes, tan importantes como ser el mejor equipo de América. Por ello, se vio “obligado”, y lo pongo entre comillas porque, cuando hay voluntad, nadie obliga a nadie sino es más bien una conducta genuina, a extender su relación con el club hasta que finalizara la Copa Libertadores. Ahí sí, no habría marcha atrás. Ni Mundial de Clubes, ni nada. Se iría. Para descansar.
Ahora volvamos al penal que digo que, transformándose en paradoja, privó al Tata Martino de algo muy importante pero, a la vez, ayudó a que se materializara el sueño máximo con el que pueda soñar un director técnico. Es que, una vez finalizada la Copa Confederaciones, la otra Copa, la Libertadores, retomó su desarrollo. Para contextualizar rápido la situación: Newell´s se encontró con un 2 a 0 a favor en el partido de ida y con un 0 – 2 en la vuelta. Así, definían los penales. Serie desde los doce pasos. Comienza; los dos equipos erran y meten, erran y meten. Serie pareja. Al quinto penal rosarino llega el experimentado Maxi Rodríguez. Si mete siguen dirimiendo, si erra, se vuelven a casa con las manos vacías. A todo esto, recordemos que en Europa continuaba el receso de verano, dato hasta el momento intranscendente me dirá usted, pero ya verá… Sigamos con el penal: hasta ese instante, los sueños del equipo argentino y del técnico estaban intactos. La Copa estaba cerca. Va Rodríguez, acomoda la pelota, toma distancia, serio, concentrado, mira fijo el arco, patea, y… ¡ataja el arquero! Se acababa, Newell´s se volvía a casa. Se quedaba sin sueño. Martino también. Por un penal. Como en aquellos cuartos de final de la Copa del Mundo 2010, cuando dirigía a la selección paraguaya, ese día “Tacuara” Cardozo falló frente a España y los guaraníes quedaron afuera del Mundial. Otra vez un penal privaba a Martino de quedar en los libros. Por lo menos por ahora.
Con la eliminación de la Copa se terminaba su ciclo, tal como
lo había anunciado. Mientras tanto, en
Europa despaciosamente el receso finalizaba. Los clubes empezaban a trabajar y
a delinear sus planteles. Y he aquí por qué mencionaba anteriormente la
situación deportiva en el Viejo Continente. El Barcelona, el mejor equipo del
mundo y, para algunos, el mejor de todos los tiempos, imprevistamente se
encuentra con una recaída en la salud de su entrenador que lo obliga a renunciar.
El Tata, de vacaciones, con su vínculo con Newell´s consumado, está libre. Alguien
lo candidatea, quizás Messi, no sé, pero su nombre suena en la mesa chica
catalana. Lo contratan. Martino al Barcelona. Sí, Martino al Barcelona. ¡Al
BARCELONA!
Es increíble como todos los hechos parecieran haberse
alineado perfectamente para encontrarnos hoy con esta noticia tan rutilante
para el deporte argentino. Repasemos: si este año no se hubiera jugado la Copa
Confederaciones en Brasil, la Copa Libertadores habría terminado en junio, como
siempre. Por ende, Martino se habría encontrado sin trabajo dos meses atrás, y
casi por decantación para esta altura estaría entrenando a cualquier otro
equipo (que no sería justamente el Barcelona porque por entonces tenía técnico).
Pero, por otra parte, si Maxi Rodríguez hubiera metido ese penal contra
Atlético Mineiro, y Newell´s hubiese clasificado, hoy el Tata tendría que estar
dirigiendo la final de la Copa Libertadores y la oportunidad habría pasado de
largo. Sin embargo, los rosarinos quedaron afuera y, justo cuando el Barcelona
buscaba técnico, él estaba disponible.
Todos estos componentes, más, obviamente, la capacidad de
trabajo y seriedad del técnico argentino, ayudaron a construir este presente
tan auspicioso para él. Y ese tren del que todos hablan, ese que pasa una sola
vez en la vida, afortunadamente, Martino lo estaba esperando con las valijas listas.
¿Casualidad, causalidad o destino? Quizás, un poco de todo.
Ramiro Fossaceca