El partido ya pasó. Godoy Cruz de Mendoza y Quilmes
empataron 0 a 0 y no regalaron más que bostezos. Sin embargo, la pelota no era la protagonista esta tarde. Cronistas y fotógrafos se aglutinaron rodeando el
banco de suplentes local buscando las primeras imágenes y declaraciones de
Martín Palermo como director técnico de fútbol. El ex goleador, quien un año
atrás dejaba las canchas aquejado por las lesiones en sus rodillas, comenzaba
su ciclo de entrenador y acaparaba la atención de todos.
La hora señalada para el inicio del partido eran las
cinco de la tarde. Casi dos horas antes, mostrando un dejo de ansiedad, arribó
el micro de la delegación de Godoy Cruz al ritmo de sirenas y patrulleros que
lo escoltaban.
Bajaron los veinte jugadores citados, auxiliares,
dirigentes y por último él. Protagonista absoluto de la tarde. De pantalones
cortos y chomba de su nuevo club, Palermo bajó abrazado de su amigo y ayudante
Roberto Abbondanzieri. Relajado y sonriente, como disfrutando el momento. Una
vez que ingresó al vestuario no volvió a salir. Recién a las cuatro y media de
la tarde cuando los jugadores salieron a realizar los clásicos movimientos pre-competitivos
apenas se dejó ver. Ya no reía. Su rostro estaba serio y transmitía una mezcla
de concentración y nerviosismo. Tampoco vestía ahora ropa deportiva. Llevaba una
elegante camisa blanca y un jeans negro, acompañado por un imponente reloj que
abrazaba su muñeca izquierda. Había cambiado el personaje, parecía haberse
metido de lleno en el papel de director técnico.
Todo estaba listo. El estadio explotaba de gente que
preparaba sus cámaras y teléfonos celulares para capturar ese momento para el
resto de sus vidas. La esperada salida del equipo a la cancha no se hizo desear
y las tribunas se vinieron abajo. El “Loco”, otra vez el último de la fila,
absorvió todas las miradas y los flashes de los fotógrafos que se amontonaban queriendo
ganar la tapa del diario del otro día.
Comenzó el partido sentado, pero apenas duró unos
segundos. Enseguida se puso de pie y así se mantuvo durante los noventa
minutos. Arenga permanente hacia sus jugadores, reclamos para el árbitro Saúl
Laverni y caminata constante de un lado al otro como buscando soluciones. Así
vivió su primer partido. Puro nervio y ansiedad. “Con ganas de entrar a jugar”,
como él mismo lo definiría al finalizar el encuentro.
En lo futbolístico, Godoy Cruz fue protagonista,
aunque no mostró prácticamente nada distinto de lo que venía haciendo con Omar
Asad, su anterior entrenador. Fue un cero a cero aburrido, pero que dejó
conforme a Palermo quien no perdió en el debut y eso es importante para empezar
el camino con el pie derecho. Más, teniendo en cuenta que el equipo cuyano
venía de cuatro derrotas consecutivas en este campeonato.
Ahora, lo espera nada más y nada menos que su querido
Boca para cerrar el año y luego encarar la pretemporada de la mejor manera para
sacar a este Godoy Cruz del pozo en el que se encuentra. La tarea no será nada
fácil, pero los hinchas mendocinos se ilusionan y disfrutan como nadie del
regreso del “Titán”.
Ramiro
Fossaceca.

