lunes, 23 de diciembre de 2013

Lobbying

A comienzos del siglo XIX, en la monarquía parlamentaria del Reino Unido, comenzó a llamarse coloquialmente lobby a los pasillos de la Cámara de los Comunes británica donde los grupos de presión esperaban a los miembros del Parlamento e intentaban influir sobre sus posteriores votos.

Este concepto, traído al día de hoy, es asociado a la presión que ejercen un grupo de personas con gran influencia política, económica y, en tiempos de la revolución comunicacional, también mediática, para intentar a través de éstos obtener beneficios.

Ahora intentemos trasladar todos estos significados a lo nuestro, que es el fútbol y el periodismo deportivo. Allí aparecen el buen momento futbolístico de Carlos Tevez, su no convocatoria al seleccionado nacional y la presión ejercida por algunos sectores de la prensa deportiva para que sea convocado.


El viernes 20 del corriente el Apache fue entrevistado en una las radios líderes en deportes de nuestro país y allí confesó que para él “ni haciendo 150 goles” sería citado por Sabella para jugar el próximo mundial. A partir de ahí se desató una ola mediática que intentó influir en la opinión de los futboleros: Alejandro Fantino desde su programa de radio “Uno de los nuestros” lanzó una cruzada a través de la red social Twitter en la cual propuso el hashtag #TevezAlMundial, donde la gente podía expresar en 140 caracteres por qué para ellos el jugador debía formar parte del seleccionado. Por otra parte, luego de la victoria de la Juventus sobre el Atalanta 4 a 1 con un gol del argentino, el programa TN Deportivo que se emite en la señal Todo Noticias del Grupo Clarín, mostraba las imágenes del partido mientras su conductor transmitía lo “increíble y extraño” que le parecía que Tevez no estuviera en la selección, dando a entender que había cuestiones extra-futbolísticas que motivaban la situación.

Otro medio que históricamente ha mostrado sus deseos de que el jugador forme parte de la celeste y blanca es el diario deportivo Olé. Esto se ha acentuado a partir del, innegable, buen nivel del jugador, atacando con sus característicos, y ya constantes, titulares alusivos al momento del jugador y la “inentendible” no convocatoria al seleccionado, como por ejemplo: “Entro sin Pachorra”, haciendo referencia al sobrenombre de Sabella; o un explícito “Carlitos a la selección”; o “Allá lo piden”, aclarando en la bajada de la nota que en Italia se preguntan cómo el jugador no es convocado por el DT argentino. Cabe destacar que este diario es el de mayor tirada y, por ende, el más leído en materia deportiva en toda la superficie argentina.

No pretendemos aburrirlos enumerando ejemplos y ejemplos, pero era necesario mostrar algunos que nos sirvieran de pruebas para lo que intentamos transmitir. Estas ideas, conceptos, opiniones que surgen de la sinergia que ellos mismos proponen, de la inercia que provocan repitiendo como loros sin análisis profundos o en su afán de generar polémica, van machacando en el imaginario colectivo. Así, terminan calando en la opinión de mucha gente que difícilmente se siente en su sillón a ver un partido completo de la Juventus pero escucha y pide a gritos por un Tevez a la selección. Por un #TevezAlMundial. Desde la influencia de estos personajes mediáticos y el poder e impunidad que les da un micrófono, una pantalla, o un teclado, se genera una presión que, por fortuna y hasta ahora, ha sido impenetrable a Sabella.

Veamos quienes ocupan hoy el lugar que desde los medios se reclama para Tevez y que, según éstos, alguno debiera dejarle. Quizás, cosa que no creo, terminemos dándole la razón. Primero descartemos, por obvias razones, a Messi. Luego vendría el Kun Agüero, quien pensamos es otro indiscutible, no sólo por los 12 goles que lleva marcados en la Premier League sino por el buen rendimiento que ha mostrado cada vez que tuvo que ponerse la camiseta argentina. En el tercer escalón podríamos nombrar a Gonzalo Higuain, otro de los que ha rendido en buena forma tanto en su equipo como en el seleccionado. Cuarto ascendería Rodrigo Palacio, que viene de ser figura en el derby della maddonnina, convirtiendo el gol de la victoria y sumando 10 en el calcio italiano. Hasta aquí pareciera difícil encontrar un lugar para Tevez. Quedaría, probablemente, un quinto lugar para completar el cupo de delanteros y, hoy por hoy, es ocupado por el Pocho Lavezzi, de no tan buena campaña en Francia y apuntado por todos. Menos por Sabella, obvio.

A ver, nadie duda de las condiciones del Apache, por lo menos no nosotros, pero ese quinto lugar, esa quinta vacante que quedaría libre en caso de que el técnico prescindiera (cosa que vemos difícil, por no decir imposible) de Lavezzi, no sería para Tevez. No podría ser para Tevez. Él no podría ocupar con dignidad ese lugar. Para él sería un des-privilegio, un no-orgullo, y se sabe que eso traería aparejado problemas en el grupo.

Supongamos que sea Tevez quien viajara a Brasil 2014 y no Lavezzi. Insisto, ese lugar es el quinto en la consideración del DT. ¿Sabella sentiría la misma presión externa en caso de que el equipo no rindiera? ¿Es lo mismo tener a Tevez que a Lavezzi sentado en el banco de suplentes? ¿Para el afuera, para los medios, para la opinión pública, sería lo mismo que estuviera cualquiera de los dos? Está claro que no. Lavezzi no exige. Lavezzi acompaña, construye, suma. ¿Tevez? Difícilmente lo haría desde ese lugar. Por eso es razonable la decisión de Sabella. Después discutimos si el Pocho es amigo de Messi o no, y si por eso está donde está. Esa es otra discusión, que quizás se desprenda de ésta sí, pero no deja de ser otra.

Para concluir, y como ya dijimos, es innegable el buen nivel de Carlos Tevez desde que arribó a Italia, no hace falta ninguna campaña de prensa que lo demuestre, pero lo cierto es que esos tres primeros lugares de jerarquía en donde el jugador, los medios y la opinión pública pretenden que esté, ya están definidos. Y paradójicamente también lo está para quienes lo piden. Nadie duda de la tríada Messi-Agüero-Higuain. El cuarto y quinto lugar de la consideración técnico-táctica, también lo están, pero con la salvedad de que ni el propio Tevez se quiere, ni se ve ahí. Y Sabella tampoco.


Ahora solo resta preguntarnos si el lobby ejercido por este grupo es mero entusiasmo por las cualidades futbolísticas del jugador, amistad o quizás intereses que desconocemos. Quién sabe.



Ramiro Fossaceca.

viernes, 20 de diciembre de 2013

Qué me importa

Demasiado se ha hablando de la poca cantidad de puntos que sumó San Lorenzo para ser campeón y poco se lo ha hecho sobre su juego, que, por cierto, si bien su andar fue tan irregular como el de sus semejantes, sus picos más altos lo destacaron.

Esto último no es poca cosa si nos posamos sobre los argumentos que esgrimen quienes rasgan sus vestiduras diciendo que el equipo de Pizzi fue el peor campeón de la historia de los torneos cortos, pero a su vez desmerecen el nivel del fútbol vernáculo. Entonces, me pregunto, si para ellos nuestro fútbol es tan desastroso, ¿qué esperaban?


Los propulsores de estas tesis siempre pesimistas -que no son justamente las nuestras- intentan explicar que, para ellos, San Lorenzo es el menos malo de todos los que habitan en la atmósfera local. O el mejor de los peores. Para el caso es lo mismo. Pero con esa lógica nosotros podríamos refutar señalando que también podría ser que el Ciclón fuera el mejor de los mejores del fútbol argentino, ya que en la última fecha fueron cuatro los equipos que llegaron con chance de campeonar denotando una paridad elocuente y, a la vez, emocionante. Siendo este pequeño grupo selecto, obviamente, el mejor de todos.

Si bien, como dijimos antes, el nivel del torneo fue irregular (constante que se mantuvo hasta la última fecha), hubo quienes se destacaron sobre los demás con un nivel superior. Repito, nivel irregular, demasiado tal vez, pero no hay dudas de que cuando lograron plasmar dentro del campo sus ideas, marcaron diferencias con el resto. Digo, pues, ¿necesariamente la paridad connota pobreza futbolística? ¿No podría ser al revés? ¿No se podría ver el vaso medio lleno? Lo que intento decir, y ahora cayéndole directamente a quienes les apunto, es que no hay desenlace que a estos los satisfaga. Siempre encontraran algo para no ser felices. O quizás, quién sabe, sea justamente eso lo que los llene de dicha: encontrar un motivo que los ubique siempre del otro lado de la calle.


A partir de aquí, de este pesimismo que hoy nos gobierna, hay varios interrogantes que surgen y que serían grandes disparadores de debates y análisis profundos en los que no vamos a detenernos ahora, pero no perderemos nada si enumeramos algunos antes de llegar al que realmente nos importa: ¿Es el campeón el mejor de todos? ¿Es condición sine qua non que lo sea? ¿Importa ser el mejor del torneo o importa ganarlo? ¿Con la implementación de los torneos largos se mantendría esta paridad que hoy nos emociona, o ganarían los poderosos, los que mayor calidad y cantidad posean en sus planteles?

Y lo que más nos interesa a nosotros, y ahora sí adentrándonos en el tema con el que comenzamos: ¿Importa la cantidad de puntos que se sumen para ser campeón? ¿Se quiere ser el mejor campeón de la historia o alcanza sólo con serlo? ¿Acaso no se trata tan sólo de cumplir el objetivo? Tengo la sensación, de que si éste es lograr el campeonato, poco importa el resto. Poco importa si por dos puntos que no hice terminé siendo el que menos cantidad sumó en toda la historia. Poco importa que por ello caigan sobre mí las más duras críticas, y que por mi culpa también ellas caigan sobre el fútbol que me cobija. La realidad, y sin fingimientos, es que poco importan los puntos que se hagan, lo que verdaderamente importa es hacer más que el resto. Después, que debatan tranquilos.



Ramiro Fossaceca.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

El Señor del (súper)ego



De más está decir que todo lo bueno que había construido Ramón Díaz en River en el primer semestre del año se derrumbó en el segundo. Se fue cayendo fecha tras fecha, día tras día y terminó de desmoronarse el domingo con el agónico empate  frente a Quilmes. Lo cierto es que el equipo no juega a nada desde hace rato, pero la buena performance de los primeros seis meses, con un plantel mucho más reducido y, en teoría, de menor calidad que el actual, hacían suponer e ilusionar a sus hinchas con que, como en los viejos tiempos,  en la segunda mitad del año la gloria regaría al Monumental. Cosa que, como todos sabemos, no sucedió.

Sinceramente, hablar del juego de River sería más de lo mismo. No habría forma de no ser redundante ni de no caer en lugares comunes. No hay nada que podamos analizar de lo que al juego se refiere que ya no se haya dicho o analizado. Pero sí hay algo que es real, y es que River juega mal por factores que no son sólo futbolísticos, aquí el (súper)ego del DT tiene una implicancia pasmosa.

La supuesta autocrítica otorgada desde distintos sectores mediáticos nunca dejó de sorprendernos. Quizás sean la inteligencia del técnico, sus pergaminos y su dialéctica los que lo ayuden a disfrazar bien sus discursos y le permita engañar a (casi) todos, porque la realidad es que está a distancias siderales de serlo. Sólo basta con analizar atentamente cada uno de sus dichos. No reconoce sus errores. Lo que hace o, mejor dicho, lo que dice, lo dice para la tribuna. Demagogia podríamos rotularla. 

La última entrevista que le dio al diario deportivo Olé es un ejemplo claro que lo pinta de cuerpo y alma. Veamos: Lejos de aceptar errores o reconocer malas decisiones dijo: “River tiene que ser agradecido con Menseguez y con el Malevo Ferreyra por el esfuerzo que éstos hicieron para llegar al club”. Dice, además, que resignaron -duda personal mediante- ofertas millonarias. Parece que, que sean amigos de su hijo es un detalle menor. Por lo pronto nosotros también obviémonoslo. Pero sus pésimos rendimientos no pueden pasar por alto aquí. Entonces pregunto y aquí nos acercamos finalmente a nuestro tema: ¿Realmente River tiene que estar agradecido con un jugador que hacía 2 años que no jugaba porque estaba roto y con otro que se fue al descenso siendo suplente? ¿Realmente River tiene que agradecerles a dos jugadores que si no iban a su club no hubiesen jugado en ninguna otra parte? (Sobre todo Menseguez, del que nadie se acordaba). Es absurdo y es otra muestra más de que Ramón Díaz sigue creyendo que va por el camino correcto y que lejos está de ser sinceramente autocrítico. No hay que confundir demagogia con autocrítica, y lo que hace continuamente y desde un comienzo el riojano es la primera. Además, fundamenta su decisión de traerlos con un liviano “vinieron a jugar gratis”. Claro. Cualquiera de nosotros, los futboleros de ley,  siendo quizás o muy probablemente unos burros o con capacidades técnicas muy reducidas para desempeñarnos en un nivel tan exigente, también habríamos jugado gratis en River. En River,  en Boca, o en cualquier otro equipo de Primera División, por el sólo placer que nos generaría, lo que no signifique que podamos o que estemos en condiciones de hacerlo. Y más, si estuviésemos con nuestra cuenta bancaria ya desbordada. ¡Cómo no vamos a jugar gratis! Así, cualquiera.

Antes los jugadores debían agradecer por jugar en River, ahora parece que es al revés, que  River tiene que ser agradecido con los jugadores, sin importar siquiera el nivel que hayan mostrado. Por lo menos, es eso lo que nos está diciendo Ramón Díaz a partir de sus declaraciones. Raro de alguien que dice conocer como nadie lo que ese club significa y representa.

El domingo habrá elecciones presidenciales en River y se decidirá el sucesor de Daniel Alberto Passarella. Sin duda, a quien llegue lo esperará un arduo trabajo por delante y la decisión sobre la continuidad o no del técnico, ya que ésta fue puesta a disposición por el mismo Díaz. Quienes conviven cotidianamente en la atmósfera riverplatense aseguran que ninguno de los candidatos principales vería con buenos ojos su prolongación. Sus malas decisiones en la elección de refuerzos, el mal juego del equipo y su cuestionado cuerpo técnico serían las principales contras. Habrá que esperar, por lo pronto el señor del ego ya arrancó sus vacaciones pero, desde donde esté, sigue dando que hablar.



Ramiro Fossaceca

(Fotos - Diario Olé)

martes, 26 de noviembre de 2013

10 en lesiones


Corrían poco más de 10 minutos del primer tiempo, Riaño pierde la pelota en zona de ataque y Boca queda mal parado frente a la contra de All Boys. Riquelme se esfuerza por recuperarla antes de que el pelotazo de Grana exponga a su defensa al ridículo y… ¡crack!, “cambio, juez”. Diagnóstico, “desgarro en el aductor izquierdo”. Quinta lesión en el año del diez. Cuarta muscular. La restante, un esguince en la rodilla izquierda. Y hasta aquí somos benevolentes, porque en el total de infortunios no contamos la “gripe” que lo marginó del clásico con San Lorenzo. Un virus gripal que lo mantuvo fuera de los entrenamientos más de lo esperado y estiró la lista de ausencias. Raro.



Repasemos cronológicamente los “partes médicos”: una distensión en el aductor derecho allá por el mes marzo. Un desgarro en el bíceps femoral izquierdo un mes después. En junio, un esguince en la rodilla derecha. A fines de agosto otra distensión, esta vez en el gemelo de la pierna izquierda. Y ahora ésta última, como para cerrar el año bien arriba (?). Demasiadas lesiones para un jugador muy importante, con un contrato muy alto, que sólo llegó a jugar poco más de la mitad de los partidos de su equipo y que, sin sobredimensionar la lesión porque quedan sólo dos partidos para cerrar el año, lo marginará de las canchas hasta 2014.


Si bien son más de cincuenta las lesiones que ha sufrido el plantel de Bianchi desde que éste y su cuerpo técnico asumieron en enero, lo cierto es que el de Riquelme es un caso especial. Basta con hacer un corto repaso sobre su historia más reciente; tener así [gesto que acerca el dedo pulgar con el índice indicando pequeñez] de cultura futbolística o, hasta diría una simple simpatía por este deporte, para saber que el jugador es propenso a lesionarse. Tiene una predisposición extraña. Un no sé qué que lo ha perseguido a lo largo de su carrera. Como Gago. Lo mismo. Pero esta propensión no actúa sola, ha sido ayudada siempre por los comportamientos del jugador fuera de la cancha. A ver, podemos poner como ejemplo el último caso: se lanzó a jugar una temporada cargada con torneos locales (Torneo Final y Copa Argentina) y Copa Libertadores luego de permanecer 6 largos meses en su casa “comiendo asado”,(como el mismo metaforizó) sin trabajo previo. O sea, no generó las reservas suficientes. Entonces se queda sin nafta. El desenlace era obvio e imaginable. El cuerpo no aguanta. Además, podríamos sumar todos los privilegios que se le otorga en la cotidianeidad de los entrenamientos, algo que, a esta altura, es vox populi y hasta le ha generado un que otro cortocircuito con algún director técnico que no haya accedido a tales. Falcioni, por ejemplo. Así, poco pueden hacer Bianchi y los suyos para mantener felí al 10 y a la vez óptimo para la alta competencia. Intentan concederle todo y mimarlo pero no resulta. Si entrena, se rompe porque lo “sobre-exigen”, y si no, se rompe igual, pero jugando. Así es difícil para cualquier entrenador.


Lo cierto es que ahora en Boca se espera que llegue bien para el arranque de los entrenamientos en enero. Creemos que la base para cualquier futbolista está en la pretemporada, y Riquelme no debiera ser la excepción. Por eso, deberá reflexionar y ponerse seriamente a disposición del equipo, si no, será difícil imaginar un futuro diferente al presente que acontece.



Ramiro Fossaceca.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

El Hijo de...

Las críticas caen sobre él de manera exagerada e injusta. Y digo exageradas e injustas no porque no las merezca ni porque esté en mi consideración defender lo indefendible, no hay dudas de que tiene responsabilidad, pero no es el único. Él es un simple colaborador. Con injerencia, sí, pero no toma las decisiones finales. O al menos eso creo. Sin embargo, es el apuntado. El blanco de todos los dardos. De Emiliano Díaz, de él estamos hablando, hijo y ayudante de campo de Ramón, el hombre que por estos días analistas y fanáticos depositaron bajo su lupa detractora.


Posiblemente su opaca trayectoria como futbolista, en la que fue llevado como condición por su padre a cada uno de los clubes adonde dirigió, sea el disparador de los prejuicios hacia sus capacidades de entrenador (ayudante en este caso), pero lo cierto es que poco se conoce sobre su preparación como para fustigarlo hasta el cansancio. O tal vez lo sea su corta edad, su inexperiencia, como el mismo conjeturó. O un poco de las dos. También podría ser que supiese muchísimo de fútbol pero sea el propio Ramón a quien no le gusten los consejos y por eso puso a su hijo ahí, a su lado, para no tener que darle explicaciones a nadie ni escuchar sugerencias. Quién sabe. Son ideas nada más. Por eso no se puede catalogar como único responsable de todos los males que padece River a Emiliano sólo para que Ramón Díaz no caiga del pedestal al que lo han elevado. Y no digo que no se lo haya ganado, pero es él quien decide, y en esta etapa las decisiones no han sido las mejores. De hecho, si repasamos un poquito sus últimos pasos como entrenador no es que la ha ido de maravillas. Todo lo contario. Y salvo la etapa de Independiente, Emiliano no era todavía su ayudante.

Además, quienes exigen la salida inmediata del “hijo de…” lo acusan de ser artífice de "negociados" y de taladrar la cabeza de su padre para llevar al club a su séquito de amigos. A ver, supongamos  que hay un Ramón Díaz pasivo ante la supuesta manipulación de su hijo, ¿acaso eso no podría hacerlo igual desde afuera? ¿No podría aconsejarle a su padre los jugadores que “necesita”? Así, como lo hace Mauro Bianchi con su padre Carlos. Es lo mismo. Le lleva jugadores pero desde afuera, por la relación que los une. ¿O será que sólo buscan un chivo expiatorio que les permita seguir creyendo en las aptitudes divinas del DT más ganador de la historia del club? Creo que subestiman la inteligencia del DT. O son muy ingenuos.

Y estos últimos, los “ingenuos”, los “ramondistas”, son los que castigan a Emiliano creyendo que es él quien arma el equipo de Ramón, pero, paradójicamente, se enojan cuando otros insinúan que Francescoli se lo armaba en el aquel glorioso River de los años `90. Cuando todo era felicidad por el barrio de Nuñez. Si Emiliano se lo arma ahora, ¿por qué no pensar que el “Príncipe” se lo armaba en su momento? No es tan extraño.  Por eso son “ingenuos”, porque no quieren dejar de creer en las divinidades que le adjudican al DT y buscan un culpable en la ajenidad para seguir creyendo, para seguir endiosándolo. No está mal que crean, que idolatren, pero el fanatismo ciega. Y eso está ocurriendo. El árbol les tapa el bosque.

Como conclusión, y para no mostrarme como un detractor implacable del ídolo riverplatense (porque nada más lejos), ni como un defensor acérrimo de su hijo, es necesario equilibrar la cuestión y dejar de lado las culpas para construir de aquí en adelante. No voy a descubrir nada si destaco las virtudes del riojano, sus títulos en el club las ponen de manifiesto. Pero son etapas diferentes, y a partir de lo mostrado hasta hoy, es posible que debiera tener otro estilo de ayudante. Alguien de mayor experiencia, con mayores pergaminos. Que pueda aconsejar en la vorágine de los partidos con sabiduría y lucidez. Pero el eje del análisis deberá ser más macro estructural: estilo y forma de juego, decisiones tácticas y dirigenciales, elección de refuerzos, entre otras. El peso de las criticas no puede caer sobre un solo nombre propio, y menos el de un ayudante de campo.



Ramiro Fossaceca.

miércoles, 23 de octubre de 2013

La Otra Mirada


Como ese árbol que tapa el bosque en el aquel popular refrán, podrá ser el manto de sospecha que invariablemente envuelve a Arsenal quien no deja ver sus virtudes. Un equipo que a pesar de los cuestionamientos y especulaciones de gran parte de la esfera futbolística demuestra en cada movimiento táctico, nada más y nada menos que trabajo.

Si buscáramos una definición simplista que enumere en pocos ítems sus características principales podríamos decir que este equipo de Gustavo Alfaro es, sobre todo, pragmático e inteligente. Y debemos desde ahí destacar la figura de su líder. Un técnico que a lo largo de su ciclo en el club ha sabido, con muchísima humildad, reconocer como nadie las limitaciones cualitativas de su plantel, pero que además supo explotar exponencialmente sus virtudes. Que sin grandes figuras y reforzándose, generalmente (y sin faltarle el respeto a nadie), con las “sobras” de las grandes potencias, se las ha ingeniado para, en muy corto tiempo, ganar dos títulos domésticos y dos internacionales, con todo lo que eso implica.


¿Cómo? Veamos: el mensaje que propone el DT es claro, y los jugadores saben decodificarlo a la perfección. Con un clásico 4-4-2, pareciera casi una utopía agarrarlo desarmado. Se agrupa apenas pierde la pelota y ocupa los espacios defensivos para cerrarle los caminos al rival. Luego, cuando recupera, intenta salir rápido por los costados con sus volantes externos, para, pivoteo mediante de alguno de sus delanteros, llegar en tres toques al área rival.

En ofensiva puede llegar a mostrar alguna especie de variante, sobre todo cuando el rival se propone presionarlo bien arriba. En circunstancias como esa no arriesga, si no encuentra salida viable busca el pelotazo largo hacia sus delanteros de turno y apuesta a lo que en la jerga futbolística se conoce como “la segunda pelota”, el rebote, y así salir del fondo ante la urgencia. Ahí es donde entran en acción sus delanteros. En su mayoría poseen características parecidas, y no es casualidad. Son las fuerzas de choque, los primeros defensores y los encargados del trabajo sucio cuando el partido lo demanda. Con sus diagonales o retrasándose unos metros son la usina que genera los espacios para la llegada de los volantes. Además, aguantan cada pelota que sobrevuela su radar, función que deviene importantísima para el método ya que ayuda a que el equipo emerja y se posicione en el campo rival.
Como se ve, un equipo solidario, que sabe lo que quiere y, principalmente, sabe cómo plasmarlo en el campo de juego.


Con respecto a lo que refiere a la institución, es cierto que no deja de sorprender el vertiginoso crecimiento que ésta ha tenido en los últimos años, pero sería de un reduccionismo extraordinario asociar este desarrollo solamente a la relación directa que la une al presidente de la AFA. El vínculo no sólo es innegable sino que además es explícito porque es sanguíneo, pero lo cierto es que este grupo se ha consolidado en la Primera División del fútbol argentino con solidez e ideas de conjunto definidas. Las capacidades directivas y de liderazgo del técnico, sumadas al poder de interpretación de los jugadores son pilares fundamentales de los logros obtenidos en este último tiempo. Sería injusto no reconocérselo y pecaríamos de necios.

Seguramente habrá una serie de cuestiones que bien podrían ser analizadas (además de las que el juego constituye), para encontrar los porqués de este suceso, pero no fue el objetivo de esta nota. Lo que desde aquí se intentó mostrar fueron las cualidades deportivas de Alfaro y sus dirigidos y destacar su trabajo colectivo para no caer en lugares comunes, pretendiendo, por otra parte, razonar brevemente sobre un sistema del que se mucho se habla pero poco se valora.



Ramiro Fossaceca.