De más está decir que todo lo bueno que había construido Ramón Díaz en River en el primer semestre del año se derrumbó en el segundo. Se fue cayendo fecha tras fecha, día tras día y terminó de desmoronarse el domingo con el agónico empate frente a Quilmes. Lo cierto es que el equipo no juega a nada desde hace rato, pero la buena performance de los primeros seis meses, con un plantel mucho más reducido y, en teoría, de menor calidad que el actual, hacían suponer e ilusionar a sus hinchas con que, como en los viejos tiempos, en la segunda mitad del año la gloria regaría al Monumental. Cosa que, como todos sabemos, no sucedió.
Sinceramente,
hablar del juego de River sería más de lo mismo. No habría forma de no ser
redundante ni de no caer en lugares comunes. No hay nada que podamos analizar de
lo que al juego se refiere que ya no se haya dicho o analizado. Pero sí hay
algo que es real, y es que River juega mal por factores que no son sólo
futbolísticos, aquí el (súper)ego del DT tiene una implicancia pasmosa.
La
supuesta autocrítica otorgada desde distintos sectores mediáticos nunca dejó
de sorprendernos. Quizás sean la inteligencia del técnico, sus pergaminos y su
dialéctica los que lo ayuden a disfrazar bien sus discursos y le permita
engañar a (casi) todos, porque la realidad es que está a distancias siderales
de serlo. Sólo basta con analizar atentamente cada uno de sus dichos. No
reconoce sus errores. Lo que hace o, mejor dicho, lo que dice, lo dice para la
tribuna. Demagogia podríamos rotularla.
La última entrevista que le dio al
diario deportivo Olé es un ejemplo claro que lo pinta de cuerpo y alma. Veamos:
Lejos de aceptar errores o reconocer malas decisiones dijo: “River tiene que
ser agradecido con Menseguez y con el Malevo Ferreyra por el esfuerzo que éstos
hicieron para llegar al club”. Dice, además, que resignaron -duda personal
mediante- ofertas millonarias. Parece que, que sean amigos de su hijo es un
detalle menor. Por lo pronto nosotros también obviémonoslo. Pero sus pésimos
rendimientos no pueden pasar por alto aquí. Entonces pregunto y aquí nos
acercamos finalmente a nuestro tema: ¿Realmente River tiene que estar
agradecido con un jugador que hacía 2 años que no jugaba porque estaba roto y con otro que se fue al descenso
siendo suplente? ¿Realmente River tiene que agradecerles a dos jugadores que si
no iban a su club no hubiesen jugado en ninguna otra parte? (Sobre todo Menseguez,
del que nadie se acordaba). Es absurdo y es otra muestra más de que Ramón Díaz
sigue creyendo que va por el camino correcto y que lejos está de ser
sinceramente autocrítico. No hay que confundir demagogia con autocrítica, y lo
que hace continuamente y desde un comienzo el riojano es la primera. Además,
fundamenta su decisión de traerlos con un liviano “vinieron a jugar gratis”.
Claro. Cualquiera de nosotros, los futboleros de ley, siendo quizás o muy probablemente unos burros o con capacidades técnicas muy
reducidas para desempeñarnos en un nivel tan exigente, también habríamos jugado
gratis en River. En River, en Boca, o en
cualquier otro equipo de Primera División, por el sólo placer que nos
generaría, lo que no signifique que podamos o que estemos en condiciones de
hacerlo. Y más, si estuviésemos con nuestra cuenta bancaria ya desbordada. ¡Cómo
no vamos a jugar gratis! Así, cualquiera.
Antes
los jugadores debían agradecer por jugar en River, ahora parece que es al
revés, que River tiene que ser
agradecido con los jugadores, sin importar siquiera el nivel que hayan mostrado.
Por lo menos, es eso lo que nos está diciendo Ramón Díaz a partir de sus
declaraciones. Raro de alguien que dice conocer como nadie lo que ese club
significa y representa.
El
domingo habrá elecciones presidenciales en River y se decidirá el sucesor de
Daniel Alberto Passarella. Sin duda, a quien llegue lo esperará un arduo
trabajo por delante y la decisión sobre la continuidad o no del técnico, ya que
ésta fue puesta a disposición por el mismo Díaz. Quienes conviven
cotidianamente en la atmósfera riverplatense aseguran que ninguno de los
candidatos principales vería con buenos ojos su prolongación. Sus malas
decisiones en la elección de refuerzos, el mal juego del equipo y su
cuestionado cuerpo técnico serían las principales contras. Habrá que esperar,
por lo pronto el señor del ego ya arrancó sus vacaciones pero, desde donde
esté, sigue dando que hablar.
Ramiro Fossaceca
(Fotos - Diario Olé)

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