viernes, 20 de diciembre de 2013

Qué me importa

Demasiado se ha hablando de la poca cantidad de puntos que sumó San Lorenzo para ser campeón y poco se lo ha hecho sobre su juego, que, por cierto, si bien su andar fue tan irregular como el de sus semejantes, sus picos más altos lo destacaron.

Esto último no es poca cosa si nos posamos sobre los argumentos que esgrimen quienes rasgan sus vestiduras diciendo que el equipo de Pizzi fue el peor campeón de la historia de los torneos cortos, pero a su vez desmerecen el nivel del fútbol vernáculo. Entonces, me pregunto, si para ellos nuestro fútbol es tan desastroso, ¿qué esperaban?


Los propulsores de estas tesis siempre pesimistas -que no son justamente las nuestras- intentan explicar que, para ellos, San Lorenzo es el menos malo de todos los que habitan en la atmósfera local. O el mejor de los peores. Para el caso es lo mismo. Pero con esa lógica nosotros podríamos refutar señalando que también podría ser que el Ciclón fuera el mejor de los mejores del fútbol argentino, ya que en la última fecha fueron cuatro los equipos que llegaron con chance de campeonar denotando una paridad elocuente y, a la vez, emocionante. Siendo este pequeño grupo selecto, obviamente, el mejor de todos.

Si bien, como dijimos antes, el nivel del torneo fue irregular (constante que se mantuvo hasta la última fecha), hubo quienes se destacaron sobre los demás con un nivel superior. Repito, nivel irregular, demasiado tal vez, pero no hay dudas de que cuando lograron plasmar dentro del campo sus ideas, marcaron diferencias con el resto. Digo, pues, ¿necesariamente la paridad connota pobreza futbolística? ¿No podría ser al revés? ¿No se podría ver el vaso medio lleno? Lo que intento decir, y ahora cayéndole directamente a quienes les apunto, es que no hay desenlace que a estos los satisfaga. Siempre encontraran algo para no ser felices. O quizás, quién sabe, sea justamente eso lo que los llene de dicha: encontrar un motivo que los ubique siempre del otro lado de la calle.


A partir de aquí, de este pesimismo que hoy nos gobierna, hay varios interrogantes que surgen y que serían grandes disparadores de debates y análisis profundos en los que no vamos a detenernos ahora, pero no perderemos nada si enumeramos algunos antes de llegar al que realmente nos importa: ¿Es el campeón el mejor de todos? ¿Es condición sine qua non que lo sea? ¿Importa ser el mejor del torneo o importa ganarlo? ¿Con la implementación de los torneos largos se mantendría esta paridad que hoy nos emociona, o ganarían los poderosos, los que mayor calidad y cantidad posean en sus planteles?

Y lo que más nos interesa a nosotros, y ahora sí adentrándonos en el tema con el que comenzamos: ¿Importa la cantidad de puntos que se sumen para ser campeón? ¿Se quiere ser el mejor campeón de la historia o alcanza sólo con serlo? ¿Acaso no se trata tan sólo de cumplir el objetivo? Tengo la sensación, de que si éste es lograr el campeonato, poco importa el resto. Poco importa si por dos puntos que no hice terminé siendo el que menos cantidad sumó en toda la historia. Poco importa que por ello caigan sobre mí las más duras críticas, y que por mi culpa también ellas caigan sobre el fútbol que me cobija. La realidad, y sin fingimientos, es que poco importan los puntos que se hagan, lo que verdaderamente importa es hacer más que el resto. Después, que debatan tranquilos.



Ramiro Fossaceca.

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