Como
ese árbol que tapa el bosque en el aquel popular refrán, podrá ser el
manto de sospecha que invariablemente envuelve a Arsenal quien no deja ver sus
virtudes. Un equipo que a pesar de los cuestionamientos y especulaciones de
gran parte de la esfera futbolística demuestra en cada movimiento táctico, nada
más y nada menos que trabajo.
Si
buscáramos una definición simplista que enumere en pocos ítems sus
características principales podríamos decir que este equipo de Gustavo Alfaro
es, sobre todo, pragmático e inteligente. Y debemos desde ahí destacar la
figura de su líder. Un técnico que a lo largo de su ciclo en el club ha sabido,
con muchísima humildad, reconocer como nadie las limitaciones cualitativas de
su plantel, pero que además supo explotar exponencialmente sus virtudes. Que
sin grandes figuras y reforzándose, generalmente (y sin faltarle el respeto a
nadie), con las “sobras” de las grandes potencias, se las ha ingeniado para, en
muy corto tiempo, ganar dos títulos domésticos y dos internacionales, con todo
lo que eso implica.
¿Cómo?
Veamos: el mensaje que propone el DT es claro, y los jugadores saben
decodificarlo a la perfección. Con un clásico 4-4-2, pareciera casi una utopía
agarrarlo desarmado. Se agrupa apenas pierde la pelota y ocupa los espacios
defensivos para cerrarle los caminos al rival. Luego, cuando recupera, intenta
salir rápido por los costados con sus volantes externos, para, pivoteo mediante
de alguno de sus delanteros, llegar en tres toques al área rival.
En
ofensiva puede llegar a mostrar alguna especie de variante, sobre todo cuando
el rival se propone presionarlo bien arriba. En circunstancias como esa no
arriesga, si no encuentra salida viable busca el pelotazo largo hacia sus
delanteros de turno y apuesta a lo que en la jerga futbolística se conoce como
“la segunda pelota”, el rebote, y así salir del fondo ante la urgencia. Ahí es
donde entran en acción sus delanteros. En su mayoría poseen características
parecidas, y no es casualidad. Son las fuerzas de choque, los primeros
defensores y los encargados del trabajo sucio cuando el partido lo demanda. Con
sus diagonales o retrasándose unos metros son la usina que genera los espacios
para la llegada de los volantes. Además, aguantan cada pelota que sobrevuela su
radar, función que deviene importantísima para el método ya que ayuda a que el
equipo emerja y se posicione en el campo rival.
Como
se ve, un equipo solidario, que sabe lo que quiere y, principalmente, sabe cómo
plasmarlo en el campo de juego.
Con
respecto a lo que refiere a la institución, es cierto que no deja de sorprender
el vertiginoso crecimiento que ésta ha tenido en los últimos años, pero sería
de un reduccionismo extraordinario asociar este desarrollo solamente a la
relación directa que la une al presidente de la AFA. El vínculo no sólo es
innegable sino que además es explícito porque es sanguíneo, pero lo cierto es
que este grupo se ha consolidado en la Primera División del fútbol argentino
con solidez e ideas de conjunto definidas. Las capacidades directivas y de
liderazgo del técnico, sumadas al poder de interpretación de los jugadores son
pilares fundamentales de los logros obtenidos en este último tiempo. Sería
injusto no reconocérselo y pecaríamos de necios.
Seguramente
habrá una serie de cuestiones que bien podrían ser analizadas (además de las que
el juego constituye), para encontrar los porqués de este suceso, pero no fue el
objetivo de esta nota. Lo que desde aquí se intentó mostrar fueron las
cualidades deportivas de Alfaro y sus dirigidos y destacar su trabajo colectivo
para no caer en lugares comunes, pretendiendo, por otra parte, razonar brevemente sobre un sistema del
que se mucho se habla pero poco se valora.
Ramiro Fossaceca.
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