miércoles, 23 de octubre de 2013

La Otra Mirada


Como ese árbol que tapa el bosque en el aquel popular refrán, podrá ser el manto de sospecha que invariablemente envuelve a Arsenal quien no deja ver sus virtudes. Un equipo que a pesar de los cuestionamientos y especulaciones de gran parte de la esfera futbolística demuestra en cada movimiento táctico, nada más y nada menos que trabajo.

Si buscáramos una definición simplista que enumere en pocos ítems sus características principales podríamos decir que este equipo de Gustavo Alfaro es, sobre todo, pragmático e inteligente. Y debemos desde ahí destacar la figura de su líder. Un técnico que a lo largo de su ciclo en el club ha sabido, con muchísima humildad, reconocer como nadie las limitaciones cualitativas de su plantel, pero que además supo explotar exponencialmente sus virtudes. Que sin grandes figuras y reforzándose, generalmente (y sin faltarle el respeto a nadie), con las “sobras” de las grandes potencias, se las ha ingeniado para, en muy corto tiempo, ganar dos títulos domésticos y dos internacionales, con todo lo que eso implica.


¿Cómo? Veamos: el mensaje que propone el DT es claro, y los jugadores saben decodificarlo a la perfección. Con un clásico 4-4-2, pareciera casi una utopía agarrarlo desarmado. Se agrupa apenas pierde la pelota y ocupa los espacios defensivos para cerrarle los caminos al rival. Luego, cuando recupera, intenta salir rápido por los costados con sus volantes externos, para, pivoteo mediante de alguno de sus delanteros, llegar en tres toques al área rival.

En ofensiva puede llegar a mostrar alguna especie de variante, sobre todo cuando el rival se propone presionarlo bien arriba. En circunstancias como esa no arriesga, si no encuentra salida viable busca el pelotazo largo hacia sus delanteros de turno y apuesta a lo que en la jerga futbolística se conoce como “la segunda pelota”, el rebote, y así salir del fondo ante la urgencia. Ahí es donde entran en acción sus delanteros. En su mayoría poseen características parecidas, y no es casualidad. Son las fuerzas de choque, los primeros defensores y los encargados del trabajo sucio cuando el partido lo demanda. Con sus diagonales o retrasándose unos metros son la usina que genera los espacios para la llegada de los volantes. Además, aguantan cada pelota que sobrevuela su radar, función que deviene importantísima para el método ya que ayuda a que el equipo emerja y se posicione en el campo rival.
Como se ve, un equipo solidario, que sabe lo que quiere y, principalmente, sabe cómo plasmarlo en el campo de juego.


Con respecto a lo que refiere a la institución, es cierto que no deja de sorprender el vertiginoso crecimiento que ésta ha tenido en los últimos años, pero sería de un reduccionismo extraordinario asociar este desarrollo solamente a la relación directa que la une al presidente de la AFA. El vínculo no sólo es innegable sino que además es explícito porque es sanguíneo, pero lo cierto es que este grupo se ha consolidado en la Primera División del fútbol argentino con solidez e ideas de conjunto definidas. Las capacidades directivas y de liderazgo del técnico, sumadas al poder de interpretación de los jugadores son pilares fundamentales de los logros obtenidos en este último tiempo. Sería injusto no reconocérselo y pecaríamos de necios.

Seguramente habrá una serie de cuestiones que bien podrían ser analizadas (además de las que el juego constituye), para encontrar los porqués de este suceso, pero no fue el objetivo de esta nota. Lo que desde aquí se intentó mostrar fueron las cualidades deportivas de Alfaro y sus dirigidos y destacar su trabajo colectivo para no caer en lugares comunes, pretendiendo, por otra parte, razonar brevemente sobre un sistema del que se mucho se habla pero poco se valora.



Ramiro Fossaceca.

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