Muchas
son las expectativas que generan los inicios de campeonatos. Esperanzas de ver
fútbol, luego de la larga espera del mes de julio, alimentan las ilusiones. Sin embargo, hasta aquí poco se ha visto.
Abundancia de tácticas mezquinas y escasez
de fantasía. Ausencia de artesanos del balón. Equipos más preocupados por cerrar bien la
puerta de su arco que por forzar la cerradura del que está enfrente.
La
4ta. Fecha del Torneo Inicial dejó ver entre líneas que poco podremos esperar
de él para el futuro. Quizás, lo mejor se haya visto en Floresta, en el empate
2 a 2 entre el local y Tigre, o en San Juan, con la goleada de Velez 3 a 0, pero
no mucho más. El resto sólo dejó desilusión y desencanto.
La
gran decepción, sin duda, fue la que protagonizaron River y San Lorenzo en el
Monumental. La vocación del técnico del
Ciclón por la destrucción del juego sumada a la incapacidad de los Almeyda para
generar espacios hizo que los puntos fueran uno para cada barrio.
Caruso
tuvo siempre claro lo que quería. Sorprendió con Buffarini y Aguiar como dobles
cinco para que presionasen a Cirigliano y a Ponzio. Así, River se encontró
perdido en el mediocampo, dónde no pudo manejar la pelota con tranquilidad. Lanzini,
el único que podía inventar algo distinto, estuvo contenido los noventa minutos
por Prósperi y ni siquiera encontró espacios detrás de los volantes (donde más
cómodo se siente) para llevar peligro. Con ese simple movimiento táctico de
Lombardi, el Millonario se quedó fácilmente sin argumentos y el partido se
volvió chato y aburrido. Más si se tiene en cuenta la cantidad de
interrupciones generadas por el arquero Migliore, quien jugó un partido aparte
con la parcialidad local.
Por
historia, se esperaba mucho más de estos dos grandes del fútbol argentino. Como
se espera más del propio torneo que aún tiene 15 fechas para reivindicarse ante
la gente.
Por Ramiro Fossaceca (Publicado en www.futboldebolsillo.com.ar)

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