Llegó el final del partido y el Rojo a la B. El destino que casi por decantación parecía sentenciado terminó de consumarse en la fecha 18, una antes del epílogo del Torneo Final. El descenso golpeó la puerta del “Libertadores de América” para llevarse a uno de los equipos con más historia del fútbol argentino, como dos años antes lo había hecho con River.
Fue un largo y duro camino el que atravesó Independiente. En tres años la cosecha de puntos sufrió la sequía que derivó en la crisis actual. Además, polémicas decisiones dirigenciales, un sinfín de entrenadores que poco pudieron hacer y el flagelo de tener una barra brava enquistada en el corazón del club ayudaron a que la malaria fuera cada vez peor y acelerara el paso hacia el Nacional B.
Luego de la pésima gestión de Julio Comparada, en la que el club sufrió la peor campaña de su historia en un torneo local, el presidente Javier Cantero centró su lucha en los delincuentes y dejó al promedio en segundo plano. Decidió ir detrás de aquellos que cubriéndose con la bandera del club pretenden vivir de él sólo por su condición de violentos. Esta vez, las voces de los responsables de brindar seguridad en los estadios parecían corear al unísono la cura que terminaría con el cáncer más terrible con el que pelea hoy nuestro fútbol, pero se quedaron en el discurso. Se esfumaron, como por arte de magia. De un día hacia el otro Cantero se encontró solo y la exigencia de verse cada día más cerca de un descenso que parecía inevitable, terminó sentenciando esa lucha a la utopía. Los delincuentes volvieron a la cancha, ya no eran el principal problema y había que reorganizar lo deportivo. Pero era tarde.
Tras un confuso episodio despidió a Gallego y trajo a Miguel Brindisi. El nuevo técnico apostó a los experimentados para sacar a flote la cuestión, pero la goleada 3 a 0 que le propinó Atlético Rafaela hizo efímera la jugada. Ahora los pibes habrían de ser los protagonistas de la última tapa del diario.
Independiente jugará en la segunda categoría de AFA, pero parafraseando al más grande jugador de todos los tiempos, la historia no se mancha. Ella no desaparecerá, en todo caso sólo se está escribiendo una de sus páginas más dolorosas. El descenso no se llevará ninguno de esos trofeos que tanto prestigio le han dado al fútbol de nuestro país; las Libertadores, las Intercontinentales, ellas seguirán allí, colmando esas gloriosas vitrinas.
Sólo se terminó una batalla, ahora comienza otra, la de volver.
Por Ramiro Fossaceca

ahhh!!!! conmovedora la crónica que ha sabido describir tan inteligente mente Ramiro Fossaceca de un club histórico,
ResponderEliminarno soy futbolera pero he comprendido que los clubes llevan sobre sus espaldas diversas luchas.Deseo para todas las instituciones deportivas la decantacion de los aspectos negativos y que el rojo vuelva a la A,tengo muchos amigos hinchas sufriendo por este tropiezo