miércoles, 21 de agosto de 2013

Club de Amigos


No quisiera exagerar, pero pienso que si a cualquier futbolero le mencionan el nombre de Juan Carlos Menseguez, seguramente algún vago recuerdo tendrá del jugador que militó hace unos años en San Lorenzo casi sin pena ni gloria. Como mucho, alguno que otro, un poco más fanático, más empapado en la materia futbolística, al ser consultado podría exclamar una frase al estilo de: “¡Sí! ¿Cómo no me voy a acordar?... No jugaba mal, pero vivía lesionado”. Y, acto seguido, quizá pueda indagar un poco más con un: “¿Qué es de su vida? ¿Se retiró, no?”. Pero no mucho más que eso. Sin embargo, la realidad es que este jugador que hasta hace unas horas era un olvidado en la esfera del fútbol argentino, hoy está a punto de convertirse en refuerzo de River. Sí, Juan Carlos Menseguez, el “Rayo”, podría jugar en River.

Para entender mejor de que estamos hablando, y sin subestimar el conocimiento de ninguno de ustedes, debiéramos, tal vez, explicar qué fue de la vida de Juan Carlos Menseguez, desde sus inicios hasta esta parte, y  tal vez, a partir de ahí podamos encontrar el cómo y el porqué de este posible y, sobre todo, sorpresivo pase. 


Este jugador categoría ´83 (29 años), llegó a las inferiores River en el año 1999 y sin llegar a debutar en la Primera División voló hacia Alemania para jugar en el  Wolfburgo como parte de la operación en la venta de Andrés D´alessandro a dicho club. En el 2007 volvió al país para ponerse la camiseta de San Lorenzo de Almagro, club por entonces dirigido por Ramón Díaz, hoy técnico de River. No mucho más que eso. Pero hasta aquí, este repaso casi superficial de su carrera nos alcanza para enlazar los cabos que andan sueltos en esta historia.

Casi sin darnos cuenta, en ese pequeño curriculum vitae que intentaba en primera instancia servirle a usted como una especie de guía de reconocimiento del jugador, pudimos encontrar los primeros puntos que se ensamblan para darle sentido a este intento de contratación. El primero, y el más perceptible si se quiere, es que el hoy técnico riverplatense ya lo dirigió. Lo conoce, por eso lo quiere. Le gusta como juega. Ok, hasta ahí todo bien. Pero el segundo punto, el más imperceptible, para seguir con este juego de palabras, es que, como dijimos antes, “El Rayo” (Menseguez) es categoría ´83 y jugó en la inferiores de River, igual que Emiliano Díaz, el hijo y ayudante de campo del DT, y al que lo une una gran amistad. He-aquí-la cuestión.

Sin querer desconfiar de la buena voluntad de ninguno de los tres implicados en esta operación, y queriendo creer que la dirigencia de River también actúa de manera inocente y buena fé, ahora habría que evaluar el rendimiento del jugador el último tiempo, para observar si está o no en condiciones de jugar en uno de los clubes más importantes del país. Bueno, no juega hace 2 años. Su último partido fue el 25 de septiembre de 2011. Desde ese día deambula de quirófano en quirófano intentando encontrarle una solución a su rodilla maldita. Ahí se derrumban todos los argumentos. Justificaciones como la “jerarquía” del jugador, sus “ganas”, lo que sea, no cuentan más. Son demostraciones endebles. No juega hace 2 años. Y además por lesiones de las que jamás se ha podido recuperar a un cien por cien. No queda más razón imaginable que no sea la amistad con el hijo del técnico.

Lo inexplicable de toda esta situación es que en este mercado de pases, que parece eterno pero dura apenas un mes y moneditas, River se desprendió de todos sus delanteros, y cuando digo todos, es todos. No quedó ni un profesional dedicado a la culminación de la jugada. Echó a Trezeguet y a Funes Mori, vendió a Luna y descartó a Mora, al que luego tuvo que pedirle prácticamente por favor que volviera porque se había quedado huérfano de delanteros. ¿Toda esta limpieza para traer a un jugador que no juega hace 2 años? Poco serio.

No es que quiera poner en tela de juicio la honestidad del DT, sólo digo que es una situación, como mínimo, llamativa. Que da lugar a pensar. Y a pensar mal. Que abre el debate con una serie de interrogantes: ¿Ser el DT más ganador de la historia del club y tener el consenso absoluto de la gente, le da a Ramón Díaz la impunidad de traer a cuanto jugador/amigo del hijo se le ocurra (“Malevo” Ferreyra también lo es)? ¿Hasta dónde importan los intereses económicos y deportivos de la institución y hasta dónde los propios? ¿Se aprovecha el DT de un Presidente que, para mantener viva la ilusión de su reelección política, es capaz de cumplirle hasta los caprichos más irrisorios? Preguntas que sólo podrán contestar Ramón Díaz, su hijo y la dirigencia encabezada por Daniel Alberto Passarella, su presidente. 


Ramiro Fossaceca.

No hay comentarios:

Publicar un comentario