miércoles, 4 de marzo de 2015

Las modas no mueven el mundo


     Se dice que el fútbol se mueve por modas. Y aunque en principio la frase me parezca acertada, siento que moda suena a superficialidad, a banalidad, y es eso, justamente, lo que creo que las ideas futbolísticas no tienen. Tal vez  el término paradigmas se ajuste más, ya que estos son los que vienen a romper con lo establecido y se mantienen; las modas, aunque vuelven, son efímeras.

     El fútbol convive diariamente con distintos dogmas, que van volviéndose tendencia según sea el contexto histórico que lo envuelve. Está cargado de ideologías, de fundamentalismos, pero que para demostrarlos y poder convencer a las masas futboleras hacen falta trabajo y, lamentablemente, resultados. Sí, resultados. Trabajo y resultados. Porque es cierto que los paradigmas los rompen las ideas revolucionarias, esas que llegan para reemplazar a las que, en otros momentos y contextos, lograron instalarse como verdades absolutas, pero lo hacen necesariamente de la mano de las estadísticas favorables. Sin ellas, las vísperas detienen las revoluciones y no hay superación posible; y así, los más románticos sufren la nostalgia de no haber podido ver sus pensamientos reinar y los conservadores de turno blindan los suyos hasta nuevo aviso ante el fallido progresista.

     Estas construcciones que viven luchando por el sentido de las cosas hoy parecen estar en pleno proceso de superación. Hay un paradigma que viene rompiéndose desde la irrupción del Barcelona de Guardiola, que tuvo su correlato en el último Mundial de Brasil y aquí, en Argentina, ha mostrado signos embrionarios en el torneo pasado: es la nueva moda. Los principios desde los cuales el fútbol empieza a concebirse se encuentran en una dialéctica que viene dejando atrás esa noción en la cual todo parte de la seguridad defensiva y está dándole paso a la concepción del juego como un todo complejo. El fútbol como un todo, compuesto por cuatro pasajes temporales que no pueden desprenderse entre sí: el ataque, la defensa y las transiciones ataque-defensa (momento en el que se pierde la posesión de la pelota) y defensa-ataque (momento en el que se recupera). Una concepción integradora que lejos de fragmentar el juego lo aúna para poder entenderlo como la interacción de todos los componentes que lo conforman y, desde allí, lo están haciendo evolucionar.

     Es en este marco que hoy ha resurgido el clásico debate sobre el jugar bien y qué es lo que realmente eso significa, sin encontrar, por supuesto, la verdadera respuesta a la cuestión. Porque lo importante no es la idea en sí misma, sino las ideas, que haya muchas y se mantengan en continuo movimiento para seguir creciendo y superándose.

     Así funciona el mundo: nada es exclusivamente del fútbol, porque el fútbol es la vida aplicada al fútbol; es la historia misma la que lo lleva de su mano. Son contextos, es nuestra cultura y su evolución, nuestra experiencia, nuestra manera de ver las cosas, nuestra interacción con los demás, nuestro estilo de vida lo que trasladaremos a él para jugarlo, para entrenarlo y hasta para analizarlo. A lo sumo, será la interacción constante con él la que nos hará crecer juntos, retroalimentándonos. Pero él no nació sin nosotros, por lo cual sólo nosotros somos los que podemos cambiarlo o mantenerlo, según el momento y lo que queramos de y para él.

     Pero para eso necesitamos que los paradigmas no cambien sólo por motivación de los resultados, sino por las ideas que puedan generarlos. Los procesos, los caminos, el trayecto hacia ellos son los que deben generar en nosotros la motivación de un cambio posible; debemos disfrutar de esa parte que estamos suprimiendo, esa que en tiempos de híper-dinamismo nos queremos ahorrar, sintetizando todo en el resultado inmediato sin que subyazca nada.

     Los grandes relatos han perdido terreno y la incertidumbre crece como la única certeza. Ya no hay verdades absolutas, pero sí verdades que nos identifican y allí es donde debemos encontrar el placer por este juego: en nuestras convicciones reflejadas en una cancha de fútbol. La posibilidad de cambiarlas estará siempre presente, porque éstas pueden superarse y superarnos, pero lo importante es que estén dentro nuestro, que podamos sentirlas propias. Esa es la esencia, la única realidad. El resultado debe ser sólo la consecuencia de algo y no morir en sí mismo, si no, ¿qué sentido tiene todo?  Pero para eso tenemos que volver a respetarlas, a creer en ellas y destronar al resultado del sillón de la Verdad; que sólo sea la parte final, la consecuencia. Porque no somos lo que tenemos, sino cómo intentamos conseguirlo.



Ramiro Fossaceca

No hay comentarios:

Publicar un comentario