El análisis podría ser el mismo. O al menos similar. Es más, si no fuera
por lo diverso del resultado, diría que Argentina jugó un partido prácticamente
idéntico al primero. Otra vez se encontró con un rival dispuesto a proponer lo mismo que había propuesto Paraguay y
otra vez el equipo falló bajo la misma circunstancia: la fase defensiva cuando
el juego y sus accidentes le exigen otra interpretación del partido.
“El hombre es él y sus circunstancias”, dijo alguna vez el filósofo español
Ortega y Gasset. Sentencia que podríamos trasladar tranquilamente al fútbol, ya
que un equipo, por más firmeza con que sostenga sus ideales, está
invariablemente sometido al devenir del juego. Lo que intento decir es que
somos lo que el contexto nos permite ser, y un equipo de fútbol no puede
aislarse de lo que el partido le propone. Entonces, cuando el contexto no es
favorable, cuando los accidentes del juego obligan a cambiar el rol que uno se
propuso y tuvo o pudo llevar gran parte de él, debe saber adaptarse para no
sufrir con la pérdida del equilibrio que esto puede generarle.
Es en esta adaptación donde Argentina está fallando: con Paraguay no supo
leer lo que el partido le iba escribiendo con el correr de los minutos, y
anoche, si bien pudo interpretarlo mejor, no supo decidir bien la opción: cómo
defenderse con la ventaja del resultado. Aquí la cuestión pasa por si, una vez
conseguido el gol, me repliego y resigno la pelota o apuesto a la tenencia para
mantener el control desde la conservación disminuyendo el vértigo. Pero eso es
conveniente tenerlo claro desde el principio.
A diferencia del partido con Paraguay esta vez Argentina se replegó e
intentó no tentarse con los espacios que se abrían, sin embargo tampoco supo
defenderse. Si bien los cambios de Martino mandaron otro mensaje a sus
jugadores con respecto a los que hizo el pasado sábado, el control volvió a
perderse. Porque que Uruguay no haya convertido (tranquilamente podría haberlo
hecho) tuvo más que ver con cuestiones del azar y las buenas intervenciones de
Romero que por méritos defensivos. Mantener el cero o aguantar un resultado no
implica necesariamente efectividad defensiva, ya que ésta en la gran mayoría de
los casos, suele ser relativa.
Hay que ser consciente de que en un partido pueden convivir varios
partidos. Los imponderables forman parte del juego y van incidiendo notablemente en el
devenir de cada uno de los momentos que lo conforman. La estrategia consta de
intentar llevarlo para el lugar que más me conviene a mí: que lo que yo
propongo pueda torcer lo que el rival me tenía o tiene preparado. El objetivo
es frustrarlo, no dejarlo adaptar, que permanezca incómodo. Lo que también está
claro es que, en el caso de lograrlo, es muy difícil que esto pueda ejercerse
durante los noventa minutos que dura el juego, porque, como dijimos, el partido
son momentos, fragmentos, situaciones que, junto con el azar, van sucediéndose
determinados por los anteriores. Por eso, cuando las circunstancias (como puede
ser conseguir la ventaja después de 70 minutos de juego monótono) me exigen
cambiar, soy yo el que debo adaptarme para no perder el control. Si la idea es
la tenencia, que sea esa entonces la forma de defenderme. Pero no puedo ser
ambiguo, porque si no quedo en evidencia. No puedo un día intercambiar golpes y
al otro día replegarme, porque pongo de manifiesto mi debilidad. Por eso
primero debo tener claro cómo voy a defender una ventaja y luego, fundamentalmente,
aprender a hacerlo.
Argentina es un equipo armado para la tenencia. La pelota es quien la
ordena, porque ataca y defiende con ella. Su táctica defensiva es con el
elemento en los pies. Pero es tal la devoción por las alternativas ofensivas
que cuando por fin la ventaja aparece y
las grietas comienzan a abrirse, se tienta con ellas porque las características
de sus jugadores exigen gol y sin la pelota no saben jugar. El fútbol sin arcos
también es posible, sólo hay que saber tenerlo como opción.
Es natural que en un equipo colmado de técnica y gol, el jugador se relama
cuando encuentra comodidades, pero es tarea del entrenador mostrarle qué es lo
ideal para cada momento. El jugador debe saber cómo va a defender el equipo
cuando el partido invierta roles y el control deba ejercerse desde otra
perspectiva. El control del partido debe ser siempre la prioridad. Y aquí,
Martino, pareciera estar dudando.
Ramiro Fossaceca

EXCELENTE ANALICIS, EN MI HUMILDE VISIÓN ,PIENSO QUE EL EQUILIBRIO DEFENSIVO SE PUEDE LLEGAR A CONSOLIDAR CUANDO TODOS LOS INTEGRANTES DE LA SELECCIÓN ARGENTINA , TRASLADEN LA VISIÓN OFENSIVA QUE POSEEN,SE INVIERTA EL MISMO COMPROMISO A LA PARTE DEFENSIVA .
ResponderEliminarCoincido, Negro. Pero es también función del entrenador determinar de qué manera se va a defender el equipo en las diferentes situaciones que pueden presentarse durante el juego.
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