Pensaba en la espléndida
demostración de fútbol que brindó la Selección anoche y en cómo de una misma
situación todos podemos reparar en cosas diferentes. Pensaba en el fútbol y en
cómo se desprenden de él, de cada una de las partículas que lo producen y
reproducen, miradas disímiles. En cómo el concepto de Belleza o el de Estética
se involucran tanto con el juego que llegan deformarse por la dependencia que
la efectividad les exige para ser considerados como tales. Pareciera que no hay
belleza sin resultado, y con el resultado estos dos conceptos pueden moverse
por diferentes parámetros y valores, donde muy probablemente nunca nadie podrá ponerse
de acuerdo. Pensaba en los fanatismos, los personalismos, en los
fundamentalismos… pensaba en el Amor y en el Odio, y en cómo consciente o
inconscientemente todos podemos inclinar nuestra balanza si una de estas dos
sensaciones nos aborda y nos desborda, prohibiéndonos del propio justo medio. Y, en el caso del Odio, privándonos, además, del goce.
Y es que en realidad
pensaba en Messi y empecé a dudar si, al fin y al cabo, ese reduccionismo sobre
el que históricamente se han parado los oportunistas de la infelicidad, esos
que aseguran que en el Barsa no juega como en la Selección, no haya terminado
surtiendo efecto. No porque Messi esté jugando esta Copa América por debajo de
su nivel -muy por el contrario da la sensación de ser un futbolista cada vez
más total- sino por el incómodo momento que le está tocando vivir con el arco
rival.
Messi hace todo bien, y
más; pero en última instancia falla. Con la circunstancia con que a diario
mejor convive, hoy está atravesando una crisis. Y ahí es donde creo que la
histórica presión ejercida sobre él está manifestándose. Lo está afectando, no
en el juego sino en el área. Se lo nota desconfiado, inseguro al punto de ser
él mismo quien luego del partido con Colombia haya sentido la necesidad de
salir a declarar que le costaba hacer goles en la Selección. Y es que la
desconfianza dentro del área paraliza, no sólo porque cancela la posibilidad de
discernir la mejor entre las posibilidades, sino porque directamente las
obtura. El miedo no deja pensar. El miedo sólo brinda la posibilidad de lo
fácil, y lo fácil, lamentablemente, no siempre es la mejor opción. Con
confianza, en cambio, el panorama es totalmente distinto: las posibilidades se
multiplican y los riesgos se asumen con naturalidad.
Quizás, hoy esos oportunistas
estén regodeándose, sintiendo que en el fondo siguen ganando. Pero no los
culpo, están todavía dormidos. Sobreviven en el fondo de la caverna, se aferran
a esa oscuridad y niegan al sol. El resentimiento los ha llevado a una ceguera
tal, que hasta cuando lo bello se les pasea por delante termina lastimándoles los
ojos, y encuentran la felicidad, únicamente, en el repudio y la indignación. Es
una lástima que prefieran lo malo por sobre lo bueno, la queja por sobre el
goce. Siguen sin entender nada, sin darse cuenta todavía de que, muy a pesar suyo,
a Messi ya no le hacen falta los goles. Ya no. Messi es Estética, Messi es
Belleza, Messi es Amor.
Ramiro Fossaceca

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