“Defendemos mal, porque
atacamos mal”, expresó criteriosamente Marcelo Gallardo luego del partido del
lunes, en el que su equipo empató 3 a 3 frente al Arsenal de Martin Palermo y
confirmó el extraño momento que vive hoy.
A simple vista y con una mirada
característica y mundana se podría considerar que la frase del DT es un tanto demagógica, para resguardar a sus defensores del afilado bisturí mediático (bisturí no porque busque
profundidad sino más bien dolor). Pero si nos encausamos en un buceo analítico
de la frase, si intentamos de-construirla con el propósito de dilucidar cómo
está funcionando hoy su equipo en materia ofensiva -y por lo tanto defensiva-,
quizás podamos descubrir algunos motivos que justifiquen sus dichos; no porque
en principio no suenen verosímiles sino porque tampoco existió tras ellos una
explicación que los avalara y dejara avizorados sus porqués para el
entendimiento común.
Es notorio que River no es el
mismo de las primeras fechas del Torneo pasado. Su funcionamiento ha mutado a
un nivel estético inferior, aunque ha sabido, al menos y hasta el momento,
mantener una identidad colectiva que lo salvaguarda. Todos sabemos qué intenta
hacer Gallardo con los suyos, independientemente de si eso termina de
materializarse el día de la competencia o no; si se capitaliza. Sin embargo, para
analizar la frase que citamos en el primer párrafo de esta nota, debemos hacer
hincapié en las cosas que no le están saliendo al equipo y que fueron,
justamente, las que lo llevaron a forjar esa identidad que hoy mantiene sólo
por cuestiones de jerarquía técnica y no táctica.
Veamos: ¿Qué hacía River antes
en posesión de la pelota? La idea de Gallardo era nítida. En el inicio de la
jugada (salida desde el arco) abría paralelamente a los dos centrales fuera del
área grande y a la altura del área chica; adelantaba a los laterales (Mercado y
Vangioni) casi hasta la mitad de cancha y hacía retroceder al mediocentro
(Kranevitter) a la medialuna en busca de la salida prolija (como el Newells de
Martino). De esa manera obtenía varias opciones de pase que ayudarían a evitar –en
caso de que existiera- la presión alta del rival. Esa salida desde abajo, que
rompía con la primera línea de presión, generaba un desequilibrio en el rival
que le permitía, con mucha movilidad de los interiores y el enganche (Rojas,
Sánchez y Pisculichi) buscar asociaciones cortas por el eje del campo, para
producir allí un amontonamiento y así terminar las jugadas por las bandas, generando superioridad numérica con el lateral, el interior de ese lado y uno de los
puntas. Un funcionamiento complejo que sólo podía funcionar a través de una
posesión precisa y, sobre todo, una movilidad revulsiva, que generara sorpresa
y confusión en los rivales. Todo esto poniendo al equipo entero en rodeo ajeno,
achicando espacios para prevenir una posible pérdida del balón. Ahora, cuando
recuperaba la pelota en campo contrario, el ataque era directo; si no, era más
posicional y apostaba a la circulación.
Eso con la pelota, ¿y sin la
pelota?: Tras la pérdida River aprovechaba su posicionamiento ofensivo, su
manera de atacar, la criteriosa ocupación de espacios en el campo rival para
presionar con toda su gente la zona de la pelota y no ofrecerle posibilidades
de lanzamiento al portador, ya que un posible pase largo o que despejara la
zona poblada desequilibraría a un equipo totalmente adelantado. Un trabajo que
duraba aproximadamente entre 5 o 6 segundos a máxima intensidad y que en el
caso de no consumar la recuperación inmediata de la pelota servía para temporizar (darle tiempo al equipo para la reorganización
defensiva). Ése era el riesgo asumido, pero para llevarlo a cabo, Gallardo
necesitaba de una concentración extrema de sus jugadores, de un compromiso que
significaba, tras perder la pelota, cambiar súbitamente el chip y pasar del ataque
a la mentalidad defensiva: transición ataque-defensa.
Esto hoy River no lo hace en
ninguna de las situaciones del juego. Indudablemente la exigencia es desgastante y, probablemente, la superpoblación
de partidos no le permita al DT trabajar en la creación de hábitos para que éstos
puedan volverse inconscientes. Lo inconsciente ocupa menos lugar que lo consciente,
u ocupa el mismo pero no le da trabajo a la razón porque no la utiliza y así se logra ahorrar tiempo
y espacio para la ejecución.
Hoy River duda. El equipo intenta
con la pelota, pero ni Vangioni ni Mercado llegan con el mismo
convencimiento. Tampoco Pisculichi y Rojas parecen estar en su mejor nivel y ni
hablar de Teo Gutiérrez, quien no sólo se encargaba de capitalizar en la zona
caliente sino además era un eslabón importante en esa presión de la que hablamos. Porque tras la
pérdida el bloque ya no ataca, se dispersa y llega tarde a presionar, permitiéndole al rival sacar el pelotazo largo
a espaldas de los defensores o bien limpiar la zona poblada hacia la zona débil
y encontrar espacios para encarar a una defensa que queda mano a mano contra el
aluvión rival de frente. Un River quebrado que se desordena en ataque y queda partido
para defender, no solamente por distracciones de sus defensores sino por fallas en la
organización ofensiva que no le permiten presionar como su técnico pretende.
La autocrítica de Gallardo es
positiva porque es importante reconocer el error en el funcionamiento para saber dónde se
debe trabajar. Ahora habrá que ver si el poco tiempo que le brinda el
calendario se lo permite y si los jugadores están dispuestos a volver a responderle.
Los jugadores argentinos se cansan, no asimilan la táctica y la creación de hábitos los aburre. Por eso la
capacidad del DT será indispensable: hay que volver a motivar a un equipo que,
si bien este año renovó sus objetivos, parece haber olvidado que para defender
bien hay que atacar mejor; teniendo en cuenta que el ataque empieza cuando pierdo la pelota.
Ramiro Fossaceca

Hace rato no leía un análisis tan bueno- Me dio gusto leerlo. Te felicito
ResponderEliminarMuchas gracias por tu comentario, Julián. Me alegra mucho que te haya gustado el análisis. Te mando un gran abrazo.
ResponderEliminarExcelente,te felicito abrazo de gollllllllllllllllll.RAMA
ResponderEliminar¡Muchas gracias, Negro! Te mando un fuerte abrazo!
ResponderEliminarExcelente!
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